Otro año que llega ya…

Listo, una vez más el mundo ha girado y nos ha situado ante el umbral de un nuevo año. No me gusta mirar hacia atrás, por la inevitable melancolía, pero creo que es justo echar un vistazo y a lo que el 2012 me ha dado. Uno nunca pasa de un año a otro con las manos vacías. Siempre nos quedan los recuerdos, las cicatrices, la nostalgia y la experiencia que aunque no se recojan se impregnan en nuestro ropaje y pasan a ser parte de nuestra existencia.

Llego al 2013 con una carga bastante pesada, más pesada que la de cualquier otro año, porque en esta ocasión viví mucho en poco tiempo. Fue un año complejo, intenso, pletórico de caídas y aprendizaje en el plano físico y espiritual. Aunque en un principio pueda parecer que estoy en las mismas, en realidad soy notoriamente otro. Llego solo, pero satisfecho de haberme enamorado, de haberme explorado en esa faceta y haber reconocido un lado de mí que hasta entonces permanecía virgen, pero en el que ahora habitan los celos, el romanticismo y la pasión a partes iguales pero en eterno conflicto. Se quedan los recuerdos buenos y malos, un corazón sombrío, entre ratos fragmentado, pero con la inigualable habilidad de recomponerse por si mismo. Llego oscuro e insano como siempre, pero convencido que este es el único camino posible para alguien como yo, sea acaso esta La verdad. Ando carente de religión y habiéndome dado un tiempo con Dios, con el papel de hipócrita dejado en alguna esquina para alguien más que quiera vestirlo; pero consciente que un día vuelva a Él hecho pedazos.  Feliz de estar vivo y definitivamente complacido en ser como soy, aún con todos mis vicios, mis pecados, los defectos que me frenan, mis odios potenciados y mis dudas que aunque a veces me acorralan terminan por hacerme más fuerte y empujarme hacia adelante en un inquebrantable ímpetu de supervivencia. Continuo también agradecido por los excepcionales amigos que me han acompañado hasta ahora, por los que se quedaron en el camino, por los que se han reincorporado y por los que vendrán. No tengo muchos, pero los que tengo, han revelado que valen por miles. Miro el futuro con el recelo de siempre, nunca demasiado positivo, nunca demasiado negativo, digamos que un punto intermedio que no da cabida a las decepciones y da una grata bienvenida a las sorpresas. Vamos avanzando en esta vida, un ciclo prolongado aunque infinito, una historia escrita de diferentes formas que se conduce hacia un mismo final inevitable, la muerte. Pero vamos, no hay que ser fatalista, asegurémonos la vida eterna construyendo monumentos perpetuos a los lados del camino, la memoria de los muertos, constancias únicas de nuestro paso por esta vida.

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