El fin del mundo

Por fin 21 de diciembre de 2012, uno de los viernes que más expectativas ha generado en la historia de la humanidad porque partiendo de un sistema de calendarización maya, alguien elaboró una formidable predicción sobre eventos desafortunados y catastróficos que aniquilarían la vida en la tierra, preparando  un nuevo inicio, lo que sea que eso signifique.

Debo admitir que me encuentro decepcionado. En Villahermosa, mi ciudad natal con sus crepúsculos arrebolados y sus lagunas rebosantes de aguas negras lo más cercano al fin del mundo ha sido una lluvia inesperada con sus vientos de octubre y sus fríos de enero. De ahí en fuera, todo normal. Pero vamos, que yo nunca me tragué el cuento de los grandes terremotos, las erupciones atómicas y los tsunamis capaces de arrasar un país entero. En realidad  me incliné por la teoría de la invasión extraterrestre y eso porque fue lo que Mulder descubrió hace 10 años: hoy iniciaba la colonización de la tierra. Quizá ahora mismo se esté dando paulatinamente, sin escándalos, todo muy sútil como debe ser. Aunque también hay la posibilidad de que una vez más le hayan visto la cara de imbécil a nuestro apuesto agente del FBI y La Verdad que por fin le dio paz a sus días haya sido la artimaña definitiva de los conspiradores para silenciarlo por un buen tiempo.

Para no variarle al asunto, mi opinión estaba dividida respecto al fin del mundo. Por un lado, tenía poderosas razones para querer  creer en ella, por el otro, deseaba que los Mayas gozaran sus cinco minutos de fama, comieran y se fueran. Me explico:

Razones por las que el 21/12/2012 debería acabarse el mundo:

  1. Que los mayas tuvieran razón supondría un golpe durísimo para las religiones judeo-cristianas. Caos, destrucción y muerte por doquier, plagas y hambruna, puro sufrimiento y luego nada. Ningún ojo viendo ningún salvador viniendo en la nube de los cielos. Aniquilación total sin esperanza de Más Allá. La fe de millones de personas alrededor del mundo y a través de los tiempos reducida a menos que cenizas en veinticuatro horas. Épico y genial. Al menos para mí.
  2. Mi lado sádico esperaba al menos suicidios colectivos, matanzas, un poco de jaleo histérico nada más para pasar el rato. Es insanamente divertido mirar como gente estúpida se cree a pies juntillas hasta lo más inverosímil y luego no sabe ni que hacer para evitar su destino final. Luego, una vez que sus cadáveres (o lo que quede de ellos) yace ahí sobre la tierra, la hilaridad alcanza su punto alto al pensar que su ingenuidad les costó caro por nada, porque el mundo sigue girando por mucho tiempo más.
  3. Admito que aunque soy un cobarde, me hubiera gustado vivir en algo más que HD todo el pandemonium visto en 2012.

Razones por las que el 21/12/2012 no debería acabarse el mundo:

  1. Un final tan destructivo resulta demasiado misericordioso para el asqueroso ser humano. Honestamente, 24 horas de caos son nada si los contrastamos contra nuestra maldad y perversión. En mi opinión, el ser humano se encamina sin fechas hacia su propia destrucción. De hecho, nos estamos adentrando en una agonía lenta, discreta, pero eficaz. Dentro de poco, el ser humano tendrá que enfrentarse cara a cara con su triste destino: una tierra muerta, vacía, oscura, incapaz de albergar vida, carente de esperanza y un mañana. Será pues, una muerte dolorosa, desesperante, sin arcas milagrosas, sin posibilidad de supervivencia para nadie. El ser humano raído por fin de la faz del universo. Amén.
  2. Si los cristianos tienen razón y el bien contra el mal habrán de batallar en el Monte de Meguidó, Hollywood y los mayas se habrán quedado cortos: el ser humano presenciará un horror inédito, sólo concebido por un ser omnipotente y omnisapiente. Prefiero eso a esto otro, en definitiva, entre otras cosas, porque Fox Mulder tendría razón; una raza extraterrestres (Dios con sus ángeles y arcángeles) instaurarían su reinado en la tierra.
  3. Puedo sacarle jugo al asunto: llamaré al no fin del mundo El Gran Chasco, elaboraré una reinterpretación del asunto, elegiré a Alo como profetisa y fundaré así mi nueva religión. Los adventistas lo hicieron hace muchos años y mal no les ha ido. Creo que ya tengo resuelta mi vida. Sólo falta un grupo de incautos dispuesto a creer en la nueva fe que les traigo.

Mientras tanto, el mundo parece seguir en pie. ¿A quién le debemos ese favor? ¿A una falla técnica en el mecanismo de la destrucción? ¿A Xena, Hercúles o Los Vengadores? Quizá nunca lo sepamos.

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