Seis años después

Tras un año de negarme a eliminar la solicitud de Bladimir en FB, terminé por aceptarla cuando la nostalgia pudo más que una afrenta caducada hace mucho tiempo. Sin embargo, mi actitud continuó siendo curiosa e infantil porque me negaba a responderle sus mensajes, aunque tuve que claudicar cuando instalé el Whatsapp en mi móvil, él consiguió mi número quien sabe de donde y ya no soportaba los insistentes zumbidos que no cesaban de llegar uno tras otro. Aunque aclaro, fui tajante: no se trataba de reiniciar esa amistad interrumpida por poco más de un lustro, la cosa era partir de cero, como cuando nos conocimos diez años atrás, considerando que no es lo mismo Los Tres Mosqueteros que Veinte Años Después.

Para empezar, Bladimir dice haber cambiado considerablemente en los últimos tiempos. Según relata, la arrogancia y mezquinidad que lo caracterizaron en la juventud terminaron por golpearle cara a cara al punto que sus amigos, dañados como yo por causa de sus acciones y actitudes le abandonaron amén que fue continuamente traicionado por gente tan vil como él, lo cual le sumió en un abismo depresivo pues pronto se dio que contaba con muchos adversarios alrededor de él pero nadie en quién sostenerse. En ese momento comenzó su propio camino de redención intentando probar que podía triunfar en la vida sin aplastar a sus queridos. Terminó sus estudios y fundó un negocio de telefonía móvil en su localidad, donde vende desde un chicle hasta un iPhone según sus propias palabras. Tiene ofertas de profesorado en algunas universidades privadas, donde además de enseñar podrá estudiar el posgrado. En suma, Bladimir ha resultado lo prometedor que parecía. Pero lo que más me ha extrañado de él y lo que resultó terriblemente sospechoso, es el rumbo que ha tomado su vida sentimental: abandonó los caminos torcidos de Dios. Sí, el tipo proclama haber dejado de ser gay. ¿Porqué? Pues porque considera que las relaciones homosexuales no son para siempre, ni siquiera las de ensueño, pues el homosexual hombre es al fin y al cabo (la mayoría porque hay unos que bueno) y tarde o temprano la lujuria prima sobre la sensatez o el sentimiento. Así pues, el miedo a quedarse sólo, a ser traicionado, engañado y abandonado lo empujó a buscar cobijo entre las vaginas, en particular una que según cuenta, le hizo sentir cosas maravillosas años atrás y por la que aún guarda cierto aprecio. Es gracioso como alguien que se fajaba con su padrino dentro del coche ahora mismo tema llamar las cosas por su nombre. Cuando me inquirió sobre mi orientación sexual actual lo hizo utilizando alegorías patéticas porque la palabra gay le sonaba muy fuerte. Yo, por mi parte, no creo que un gay cambie de la noche a la mañana y menos por un motivo tan absurdo, es decir, las mujeres son muy zorras también. Pero allá él si quiere engañarse y reprimirse; a la larga eso le hará más infeliz que si se hubiera quedado donde estaba. Cuando hablamos al respecto, tuve que callarme esta opinión puesto que no iba a escucharme y yo mismo iba a terminar por escuchar algo no muy agradable.

Bladimir trajo consigo la inevitable presencia de Hugo, a quien en la secundaria apodábamos El Feto, porque era bastante pequeño para nuestra edad y también demasiado flaco pues su metabolismo era similar al de un gorrión de tal suerte que el tipo comía como sabañón y sin embargo parecía enflaquecer aún más. En fin que él también me contactó. Yo le había buscado en las redes sociales pero resultó que no le gustan así que ya podía yo seguir rastreandolo. El también ha sufrido una mutación considerable en un espacio de tiempo relativamente pequeño. Del chico enclenque que vomitaba los huevos revueltos si se agitaba demasiado queda poco: ahora es adicto a la música estridente y satánica, a la cerveza y al table dance; dice siete groserías por minuto y si no te adaptas entonces eres una mujercita. ¿Puedo culparlo? No. Egresó de una universidad pública donde estudió ingeniería civil y eso lo explica todo. Hasta muy normal es teniendo en cuenta que sus años críticos se forjaron dentro de un hostil ecosistema testosteronizado donde la estupidez es más necesaria que la inteligencia si quieres sobrevivir. Con él no he hablado mucho, pero tampoco se me antoja. Considero que es un chico perturbado que se esfuerza por sostener una imagen viril que durante años le fue negada y que ahora tiene a fuerza de mucha pose, aunque en el fondo es el chico promedio que conocí. No tenemos grandes cosas en común, pues hasta las perversiones personales se mueven en polos opuestos y excluyentes.

Si lo pienso bien, soy el único que no ha cambiado demasiado. Igual de patético, inseguro, oscuro, atormentado, si acaso más pervertido. Me pregunto qué pensaran ellos de mi. Con Hugo fue más fácil retomar la conversación que con Bladimir, pero con éste último ha sido más consistente que con el primero.

A pesar de los detalles, de alguna forma me alegra saber de quienes fueron mis mejores amigos en una de las épocas más deliciosas de mi vida. Creí que jamás volvería a saber de ellos, y míralos ahora, tocando a mi puerta, tomándome por sorpresa. Se ven distintos. Son distintos.Y sin embargo, cuando los miro fijamente a los ojos, encuentro en ellos a mis camaradas de siempre, los tres inseparables compañeros de juerga que una vez tomaron caminos distintos para buscarse la vida, sendas solitarias que los condujeron a otros lugares y personas pero que ahora, quizá por un momento fugaz, se han interceptado en este cruce de caminos, hermosa oportunidad para empezar a escribir nuevas historias. Pensándolo bien, no voy a perderme la oportunidad. Acaso se trata de una nueva aventura.

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