Ercules Sádico

A Erick lo conocí un 20 de octubre esperándome en el parque una calurosa tarde de sábado. No obstante, fue el 28 cuando oficialmente pasó a ser parte de mi vida. De eso hace cuatro semanas en la que hemos pasado creo más aventuras que en toda una vida, algunas de las cuales casi nos dejan a mitad del camino. La última ocurrió la semana pasada.

Todo comenzó cuando prometí a Erick que borraría mi cuenta apócrifa (Renato Saurkerl), cosa que no hice. Y no lo hice porque siguiera buscando sexo sino porque allí puedo mirar páginas que no podría en mi perfil heterosexual. Pues bien, un día cualquiera recibí una solicitud de amistad de un tal Ercules Sádico. El rostro me pareció conocido y hasta llegué a pensar que se trataba de un amigo de Erick, pero igual le acepté siendo que la mayoría de las veces no vuelvo a tener noticias de los extraños. Cual no sería mi sorpresa cuando un par de horas más tarde recibo un inbox con lo siguiente:

Me encantaría conocerte, se ve que no tienes pudores. Te haré retorcerte como nunca. Soy activo de 31 años, radico en Villahermosa, te puedo pasar a buscar, tengo un miembro de 21 cm. Que dices? Te animas?

¡¿Qué?! Generalmente soy yo quien hace proposiciones de ese tipo. Admito que me emocioné y ese fue error pues mi mente se obnubiló impidiéndome ver más allá de lo evidente. Y es que dejando el tamaño de la verga a un lado, el tipo no tenía desperdicio: alto, con un porte varonil que ya muchos quisieran y una cautivadora mirada fiera. Acepté pues su propuesta indecorosa, no sin sentir cierto remordimiento por mi novio. Pero vamos, una cana al aire no hace daño pensé yo. Así seguimos charlando intermitentemente tratando de fijar una hora y lugar. Más todo esto lo hacía yo desde la aplicación de mi móvil resultando chocante tener que alternar entre dos cuentas de FB. Fastidiado, dejé la apócrifa en el snaptu y mi cuenta normal desde Opera Mini. ¡Ja! se me fue el alma al suelo la siguiente vez que contacté con Ercules Sádico: en la información de perfil, snaptu sigue siendo más elocuente que cualquiera y ponía que la cuenta hotmail de este tipo tenía el nombre y los apellidos de mi Erick. El tiempo se detuvo ante el terror de lo que estaba sucediendo ¡me había cachado siendole infiel! Pensé y pensé mucho en como remediar la situación pero no veía la salida a menos que pudiera volver en el tiempo y advertirme de no ser tan pendejo. Mientras buscaba una solución mi cerebro conectaba los puntos. Así, recordé que efectivamente la imagen pertenecía a un amigo de Erick y no me resultaba conocido únicamente por eso sino porque el tipo varonil de mirada fiera no era otro que el Che Guevara en una pose bastante distinta de la clásica a la que todos estamos acostumbrados. Estúpido de mí, estúpido de mí, por seguir un sueño había destrozado mi realidad. ¡Ah! pero entonces urdí un plan: pasaría de infiel a víctima en un santiamén alegando que Erick desconfiaba de mí, que había creado esa cuenta para espiarme, que yo lo había sabido todo el tiempo (por los detalles mencionados) y  que solamente había seguido su juego para saber que tan lejos llegaba su crueldad. Revisé aún más la cuenta y comprobé cuán estúpido soy puesto que Ercules y Erick se conectaban en las mismas horas. Sin embargo, en ese punto, se trataba ya de un juego de sombras pues Ercules Sádico andaba husmeando en las páginas de ligue buscando un activo. Un infiel para otro infiel.

Durante los días subsecuentes, las cosas permanecieron en aparente normalidad aunque en ocasiones yo le llamaba “pequeño sádico”, esperando que él confesara o me recriminará, pero él parecía no saber de que le hablaba. Nos hacíamos tontos pues. Entonces planee una trampa. Renato Saurkerl comenzó a publicar que se alejaba de los reflectores, que se volvería casto. A esto comentaron tanto Erick como Ercules. Y ese fue su error. Mi novio ya no pudo guardar las apariencias mucho tiempo más y me confrontó sobre el otro tipo. Entonces ardió Troya: estaba yo tan asustado, avergonzado, airado de ser un promiscuo y de haber caído en su trampa  que  me convertí en un monstruo cruel, vertiendo mi ofuscación contra Erick, humillándolo y diciéndole cosas terribles, entre otras cosas, que si él no estaba satisfecho conmigo que bien podría conseguirse un activo con la condición que me permitiera estar presente como observador. Admito que Él fue paciente y sumiso durante mucho, y de eso me aproveché para pisotearlo con saña no permitiéndole siquiera explicarse. Pero finalmente explotó con justa indignación defendiendo su dignidad, alegando que todo se trataba de una broma, que él igual se había sentido horrible cuando contesté positivamente la provocación y que yo no tenía ningún derecho a ofenderlo como lo estaba haciendo y que estaba comenzando a odiarme. Nunca, jamás Erick había reaccionado así antes. Y admito que me sobrepasé, pero no retrocedí un ápice. Seguí picando piedra hasta que él me dijo que era mejor no seguir juntos, que no quería saber de mí, que yo lastimaba y mucho. Le contesté que si a sí lo quería, por mí estaba bien.

En ese punto, eramos ya dos extraños heridos y avergonzados, llenos de miedo e ira. Dejé de responder a sus mensajes. Salí a caminar como normalmente lo hago y mientras recorría la tranquila orilla de la laguna reflexioné en lo que había hecho. Me sobrepasé sin duda, Erick no se merecía un trato así. Una vez más, el monstruo, mi corazón oscuro había emergido ansioso de carne humana. Desde siempre, todo lo bueno que ha caído en mis manos termina por ser destruido. Es siempre igual, un proceso que tarde o temprano ocurre con personas o cosas; y es que cuando me convierto en esa criatura la destrucción y el tormento ejercen una malsana satisfacción en mí. Había querido creer que con Erick sería distinto, pero resultó peor. Me lucí en mi mezquinidad. Traté de hablar pacíficamente con Erick, enmendar el daño hecho, pero el estaba tan atribulado que apenas me respondía. Finalmente, opté por dejar las cosas así esa noche, esperando que en la mañana la comunicación pudiera darse mejor. Sin embargo, el día siguiente, lo primero que hallé en mi inbox fue un mensaje que rezaba: “no quiero volver a verte ni a tenerte en mi cama”.

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