Perfecto no soy

Las festividades por el cumpleaños de Erick prosiguieron la noche del martes cuando dos de sus amigos más cercanos, novios entre ellos, decidieron dar un cese a sus propias hostilidades para festejarle con carnes asadas. Esto me lo dijo él cuando interrumpió nuestra conversación cibernetica para marcharse con ellos. En ese momento no me importó. Estaba feliz de verlo feliz. Sin embargo, a la siguiente mañana, cuando le di mi revisión matutina al FB y me disponía a poner el status romántico correspondiente, revisé la bandeja de mensajes y hallé uno muy extraño de su parte:

Te digo algo??? Me siento mal contigo

Si puedes despiertame cuando leas este mensaje

Extrañado revisé su muro y encontré publicaciones felices que rayaban entre lo cotidiano y lo profano. Pero lo más inquietante es que en la última actualización de estado, posteada alrededor de las 4:30 de la mañana, preguntaba qué hora era. Obviamente, los festejos se habían prolongado hasta la madrugada y algo inquietante había sucedido. Le mandé un mensaje preguntando que sucedía esperando que contestara pronto pero finalmente lo hizo hasta muy avanzada la mañana. ¿Qué había pasado? El muchachito se desmadrugó… tomando. ¿En serio? No mames, no me había dado cuenta. Me enfurecí y le dejé en claro que toleraba el hecho que fumara en mi ausencia pero que si consumía alcohol no lo necesitaba para nada. Siguió un intercambio de SMS donde él me decía sentirse mal por su comportamiento, que había sido sincero, que tomara eso en consideración y que lo perdonara. Yo me mantuve en una posición firme aunque algo intransigente diciéndole que no valía la pena perdonarlo porque tarde o temprano volvería a hacerlo y que una relación donde alguien “toma” termina por tornarse tormentosa, conflictiva, insana. Rogó por mi perdón y juró que no volvería a probar alcohol. Guardé silencio. Varias llamadas perdidas. Me preguntó si aquello era el final. Más silencio. Finalmente le contesté que debía decidir él que quería: tener una relación sana o una conflictiva por causa del alcohol. Si elegía lo primero, debía saber que yo no daba segundas oportunidades. En ese momento, Erick pasó de culpable a víctima y me dijo que no era perfecto, que merecía más (oportunidades) y que si me resultaba problemático entonces me dejaría en paz para que yo encontrara alguien que valiera la pena. ¿Esperaba conmoverme? Creo que sí, pero no lo logró. Acepté el hecho. Le agradecí las semanas maravillosas que me había dado. Y me despedí para siempre.

¿Exageré mi reacción por una noche de cervezas o mi indignación fue justa? Alo en principio no vio que el problema fuera suficiente como para romper. ¿Fui una maldita bitch drama queen? La primera impresión es que sí, pero no lo creo.

Empezaré declarando como falacia aquella  expresión que el verdadero amor no intenta cambiar porque acepta tal cual es la persona. ¡Demonios! ¿El verdadero amor está dispuesto entonces a dejar que un buena relación se vaya al demonio por causa de vicios y defectos destructivos que pueden cambiarse para bien? Entonces no es amor, es estupidez masoquista. El amor verdadero tolera los defectos no dañinos como eructar al terminar de comer o tomar agua directamente del envase. Pero los defectos destructivos, esos deben cambiarse por amor.

Yo no quiero un hombre perfecto, quiero a uno a quien pueda amar, follar y considerar mi baluarte. Con Erick todo había sido color de rosa y muchas de sus imperfecciones las había obviado pero estaban allí, latentes, amenazando nuestro presente y futuro. Él es un adulto inmaduro. Tenía un buen trabajo en Pemex, estudiaba derecho en una universidad privada y estaba involucrado en asuntos espirituales. Luego, la religión, fucking religión, se le metió por los huesos y decidió que lo suyo era servir al Señor, así que abandonó trabajo y escuela, se largó al D.F. y se metió a un seminario para estudiar Filosofía con el objetivo de ordenarse como sacerdote. ¿Su vocación? De ninguna manera. Estando allá se enamoró de S., abandonó los hábitos y se largó a vivir la vida loca. Consiguió un trabajo y formó una relación hermosa, hasta que su novio juntó celos con alcohol tal que en lugar de hacer el amor terminaran liándose a golpes por cosas intrascendentes. Rompió con su novio, intentó volver con él pero S. ya era un alcohólico, así que se quedó sólo, tratando de resistir en la gran ciudad hasta que se quedó sin trabajo, lo que lo obligó a volver a provincia con las manos vacías. ¡Fuck! Así lo encontré yo, vendiendo “lonches” en su antiguo lugar de trabajo en Cd. Pemex junto a sus amigos B. Y L. Pero eso no me importó. Me preocupé cuando descubrí sus problemas familiares: al ser el mayor, es una decepción y vergüenza para su madre. Lo quieren fuera de casa y muy lejos donde no puedan verlo. Realmente me entristecí por él al no ser amado en su hogar. ¡Estupidez! Tiene 27 años, ninguna profesión y mucho menos un trabajo estable. ¡Pero el muchachito bien que se larga con sus amigotes a festejar su cumpleaños fuera de casa toda la noche! Eso lo hacen los estudiantes/trabajadores de veintitantos no los casi treintañeros.

Por eso me indigné. Me pidió un futuro juntos pero no está haciendo nada para comenzar a construirlo. ¡A mis 24 le llevo la delantera con al menos una licenciatura!  Y tampoco le veo intenciones de cambiar. ¿Entonces para qué seguir con algo que a la larga terminará por fracasar? ¿Qué hay de malo en pedir a alguien que deje de tomar? Él mismo venía de una relación caótica gracias al alcohol. No me considero mojigato. Estaba pidiéndole algo justo, que era bueno para él y bueno para nosotros. Pero al final, el reveló la verdadera naturaleza de su carácter: despreocupado y desocupado. Me dolió mucho tener que despedirme de él pero no quiero cargar con alguien así en mi vida. Conozco terribles relaciones heterosexuales y no creo que  a las homosexuales les vaya distinto o mejor. Un hombre que no está dispuesto a cambiar no vale la pena.

Esta vez no fui yo quien destruí, fue él quien no quiso tomar esa segunda oportunidad. Así pasó. Y todo sucede por alguna razón.

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