¡Y que cumplas muchos más!

Hoy es su cumpleaños. Cosa curiosa,  cumplimos años el mismo día, aunque el mío (mi cumpleaños) es en agosto, pero hoy es mi santo ¿señales del destino?  Nació a las ocho de la mañana hace 27 años, se echó el mañanero le dije, y tras una estadía en el seminario de sacerdotes, dos amores lejanos y uno que otro affaire, llegó a mi vida con un año de abstinencia y un voto de humildad para convertirse poco a poco en el epicentro de mis temblores emocionales. Ayer nos fuimos de celebración:  le dediqué un día entero sin interrupciones de ningún tipo (lo cual requirió algunas mentiras de mi parte), un día de complacencias  para que hiciéramos todo lo que él quisiera. Al final, resultó ser uno de esos A day in the life, que últimamente no son tan frecuentes pero sirven para romper la monotonía de la vida con el plus que fue una pequeña aventura de locos para dos enamorados.

El regalo 

En cuanto lo recogí en la central de taxis, le pregunté que quería hacer primero. Decidelo tú me respondió. ¿Nos encamamos? pregunté. Me parece genial, convino. Así pues, tomamos nuestro conocido caminito hacia esa parte oculta de la ciudad donde tenemos nuestra madriguera para dar rienda suelta a nuestro romanticismo antes que al instinto. Fue de hecho muy especial porque estamos perfeccionando nuestra forma de hacer el amor: hemos hallado el justo equilibrio entre ternura y pasión, por lo cual el asunto resulta mucho más satisfactorio. Y si a esto le agregamos que nos da por ser inventores y exploradores, tenemos para entretenernos una jornada entera. Así, se nos hizo tarde para la siguiente parada, el tour de cine francés, por lo que entre una función y otras nos quedaron libres casi tres horas. Hubiéramos optado por seguir jugando, pero tanta quema de calorías nos dio hambre así que tras ducharnos juntos fuimos a almorzar.

Nuestra canción:

Almuerzo 

Antes de salir y tras mirarnos al espejo, llegamos a la conclusión de que definitivamente nos vemos más guapos después de hacer el amor. Arrebatados aún en ternura, decidimos comer en un lugar más o menos tranquilo, y el único que conocía estaba camino de mi casa, sobre el periférico, un “restaurante” familiar que generalmente está vacío. Admito que la comida no fue lo mejor, pero para ser nuestra primera comida juntos no estuvo mal. Claro, uno tiene que contenerse de no andar haciendo caricias, pero al final en ese lugar nadie estaba pendiente de nuestra charla descarada, y nadie en realidad se percató que eramos una pareja de enamorados pasando un día genial. Tras el almuerzo compramos los tickets de la película, pero como aún nos quedaba una hora, dimos una vuelta al centro de la ciudad.

La délicatesse

Esta fue sin duda, la parte más interesante del día. EG es un seguidor del cine de arte y como era su día no pude decir no cuando propuso que viéramos La Délicatesse, una comedia romántica donde lo único familiar era la protagonista Audrey Tautou, a quien recuerdo por The Da Vinci Code y Amélie. La película no es mala en sí, aunque no podría juzgarla con verdad sin antes empaparme con material de ese tipo. El guión tampoco era tan complejo: una mujer conoce al amor de su vida, el hombre perfecto con quien se casa pero que muere meses después en un accidente de tráfico. Varios años después y sin poder superar el dolor, la chica vive inmersa en su trabajo sufriendo el acoso de su jefe y la conmiseración de quienes la rodean, hasta que aparece un sueco, la antítesis de su hombre ideal, un hombre muy simple a quien seduce en un arrebato quien sabe de qué pero de quien poco a poco se irá enamorando a pesar de las críticas y oposición de sus amigos y familiares. El tráiler es este:

Pero vamos que aunque la película no tiene desperdicio, el subtexto entre nosotros fue lo mejor: la sala estaba llena con parejas de distintas edades, todas con novios resignados a cumplir el anhelo de sus amantes, incluyéndome. Pero a diferencia de los otros, nosotros eramos quienes debíamos comportarnos para salvar las apariencias.  En cuanto se apagaron las luces, nuestras manos empezaron a buscarse por debajo de las butacas para entrelazarse en un caricia que solo nosotros entendemos. Y de ahí, pasamos a las pataditas y roces de piernas, o más descarado aún nuestras manos tomadas puestas sobre su regazo, muy cerca de su entrepierna.  ¡Demonios, es que la calidez de su cuerpo es increíblemente agradable!  De vez en cuando, yo me acercaba para susurrarle algo al oído con la evidente intención de sentirle cerca o besarle, pero sin llegar a realizar eso último. El punto es que EG se prendió allí mismo tentándonos a salir corriendo para regresar a la madriguera. Al final, tuvimos que contenernos pues las entradas costaron exactamente lo mismo.

Salimos de allí con buen ánimo y entonces llegó la hora de la despedida. Durante el camino de regreso, él jugueteaba con mi cabello o acariciaba mi hombro. Para corresponderle y sabiendo que le gustan las sorpresas, aproveché un semáforo en rojo para besarle ligeramente en los labios y desearle feliz cumpleaños. Esto supuso un avance enorme entre nosotros, pues  cuando estamos en público debo recordarle que no estamos en la Ciudad de la Esperanza. El detalle le encantó y como cereza al pastel, cuando nos despedimos, aprovechando la oscuridad de la calle, en lugar de un beso en la mano le planté otro de un estilo más atrevido.

Tal fue nuestra primera salida formal. Ambos volvimos a casa con sendas sonrisas en nuestros rostros, cada día más seguros de que nuestra relación va rumbo a puerto seguro. Estoy muy feliz que EG haya llegado a mi vida. Estoy enamorado, y no daré marcha atrás. ¡Que tengas un buen día Erick, y que cumplas muchos más!

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