Fuera del amor

Pero cuando EG se va, cuando nos separamos, el éxtasis de nuestra unión permanece sólo por poco tiempo. Luego me asola la duda y se hacen evidentes sus defectos.

Como peregrino que es, se ha buscado la vida por territorios distintos, con una existencia errática e inmadura al punto que a sus 27 años su futuro es incierto, más incierto que el mío. Cuando lo encontré estaba por emprender el regreso hacia el D.F. pero por mí ha decidido quedarse para trazarse una nueva trayectoria. El punto es que aunque sus intenciones parecen sinceras, pueden más sus vicios y malas costumbres de tal forma que continúa tan errante como siempre. No tiene un trabajo formal, apoya a un amigo en la venta de comida. Pretende estudiar pero su familia, harta de su indecisión está dispuesto a apoyarlo por enésima vez con la condición que se largue del estado. Con un panorama así no logro comprender como es que no lleva sus palabras a la acción y empieza por buscarse un trabajo formal, algo que de validez a su propósito. Siempre critiqué a las conocidas que se enfrascaban en relaciones de este estilo, juzgándolas severamente por poner atención en tipos así… Ahora yo mismo estoy en el umbral del desastre sin saber qué actitud tomar. ¿Vale la pena seguir adelante y darle el beneficio de la duda o lo mando al demonio y me busco a un “ganador”? No quiero ser tan severo con él. Lo quiero y me convertiría en hipócrita. Pero me desespera la parsimonia con que se está tomando la vida.

Me molesta también que el papel del cursi y romántico lo tenga yo. No es que me desagrade, de hecho, le he cogido un gusto morboso, pero soy yo quien tiene que provocar su ternura cuando no hay una cama de por medio. La respuesta más intensa que he recibido de su parte es una llamada para escuchar mi voz, pero si yo no lo busco pueden pasar días sin que sepa de él, especialmente cuando se reúne con su viejo círculo fuera del estado. Eso me hace creer que en realidad esto se trata de un juego perverso donde únicamente soy un pedazo de carne del cual disfrutar hasta saciar su instinto; un imbécil al que engaña con palabras y caricias convincentes aunque falsas. ¿Pienso demasiado? ¿O el amor aún no me ha hecho lo suficientemente estúpido como para negar la realidad? Lo más correcto sería hablar de ello pero no quiero verme como un llorón en busca de afecto ni que él se vea forzado a reaccionar de formas que no quiere, lo menos que busco es formas de amar artificiales, aunque no sean por compromiso.

Hace poco tuvimos nuestro primer distanciamiento partiendo de un mal entendido. Me pidió que nos fuéramos a vivir juntos en el periodo de un año, es decir, para septiembre de 2013. Yo le respondí que mudarme con él implicaba cambios muy bruscos en un periodo demasiado corto como por ejemplo reasumir mi orientación ante familia y amigos, buscarme un trabajo mejor remunerado y conseguir una casa que podamos llamar hogar. Creo que el término cambios muy bruscos le resultó demasiado brusco y su ilusión se pinchó al punto que se alejó de mí. Él se quedó con ese mal sabor de boca y yo con el malestar de haberlo lastimado. Requirió una charla extensa a través de varios días para recomponer las cosas, aunque aún La Gran Plática está pendiente pues necesitamos definir algunos términos en nuestra relación. Desafortunadamente, creo que yo también soy un mentiroso.  Muy en el fondo, me gustaría que el aceptara la oferta de su madre, se fuera, conociera a alguien más y me partiera el corazón antes que yo a él.  No sé si estaré listo algún día para decirle a mi familia: me mudo con un tipo y vamos a alquilar un vientre para procrear a nuestros hijos. Me asusta la reacción de mi familia, mis amigos, compañeros de trabajo y la sociedad en general que puede ser muy cruel. Perdería mucho, sacrificaría una vida estable por estar al lado de él. ¿Y si no funciona? Me quedaré con las manos vacías,  y terriblemente solo. ¿Y si funciona? De todas formas arrastraré las ausencia de seres muy queridos, un dolor que me acompañará siempre. ¿Vale la pena hacerlo por amor?

Pongo una balanza y en un lado coloco los maravillosos momentos que paso a su lado, que él me da. En el sitio opuesto agrego las dudas y defectos de ambos. Hay equilibrio. Pero eso no es sano. Yo tengo miedo porque estoy ante la bifurcación de un camino: afrontar el reto o dejarlo pasar. No sé exactamente qué hacer, cualquier decisión que tome afronta un riesgo y una pérdida.

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