Dentro del amor

Los días con EG son maravillosos empezando porque se trata de una relación clandestina donde dos cómplices se refugian en un motel los fines de semana para pasar tardes soñadas, los dos desnudos en una cama siempre distinta que atestigua facetas de amor, pasión, ternura y perversión combinadas en un solo arranque.

Con EG tengo lo que siempre quise pero que nunca externé en voz alta, lo que siempre busqué de manera disimulada aún cuando por dentro me moría de anhelo y desesperación. Él es un hombre muy tierno en cuyos cálidos  abrazos puedo refugiarme cuando necesito cariño, como si fuera baluarte o atalaya donde nadie puede lastimarme. Es alguien a quien puedo besar interminablemente pues me fascina el sabor a nicotina de sus labios tan llenos de pasión, ternura y pecado.

Es quien me ha revelado una nueva naturaleza del sexo que desconocía: un sexo que complace capaz de llenar el vacío del alma en vez de hacerlo más grande, aunque lo hace en dosis tan pequeñas que tarde o temprano vuelvo donde él.

ÉG es tan peregrino como yo en el caminar de la existencia habiendo recorrido mundo, conocimientos y formas de amar cada una tan distinta como la otra, un hombre culto que no piensa ni dice estupideces.

Es un caballero que ha visto mi desnudez sin juzgarme, que me desea por quien soy más allá de los convencionalismos. Con él me siento cómodo, sin vergüenza, querido. Su magia es tal que su presencia, un mensaje o una llamada pueden producir sonrisas allí donde generalmente hay seriedad; forja ilusión allí donde habita el mutismo; agita mis sentimientos y nubla la sensatez.

Cuando estamos juntos no existen miedos ni dudas. Sólo existe la realidad de nuestros cuerpos que se buscan para complementarse.

Él es a quien puedo explorar romántica y pasionalmente, alguien que me abre cada rincón de su cuerpo sin reticencias ni prejuicios, pidiendo a cambio que yo haga lo mismo; al tiempo que descubrimos la fragilidad de nuestras respectivas almas acorazadas que buscaron su igual desde siempre y al que hallaron en una casual circunstancia.

Lo supimos desde el primer día cuando nos citamos para tener sexo y terminamos haciendo el amor aún cuando no sabíamos ni nuestro nombre y no había sentimientos de por medio: los fabricamos allí mismo a través de las mordidas y las succiones, la felación y las penetraciones, en los besos cargados de curiosidad en los que intercambiamos el aliento y la convicción de que no queríamos dejarnos ir.

Dos desconocidos que parecían conocerse desde siempre. Yo lo necesité desde entonces.

Pero lo que más agradezco es que EG es el único que ha podido domar mi oscuridad al punto de permitirme sentir el amor, cualidad que creía desterrada. Domado, me convertí en un amante cursi que necesita externar la felicidad a través de frases cripticas que sólo el destinatario comprende, un juego de sombras donde todos miran pero nadie entiende. Sólo entendemos nosotros dos a través de charlas interminables que bosquejan un futuro que habla de nosotros como un todo.

EG es capaz de darme virtudes: esperanza, fe y amor. Pero la más excelente de todas, es el amor.

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