Memorias de mis tristes putos

El último mes me he convertido en un extraño peregrino, de esos que va dejando amantes perdidos en cada puerto por el que pasan. Pero cabe aclarar que últimamente no soy yo quien lo ha buscado. De hecho, son ellos quienes me han encontrado.

El primero fue Felix. Comenzó como una solicitud de amistad en mi FB apócrifo y tras varias típicas charlas salpicada de sexo, me dijo que me amaba y quería intentar algo conmigo. ¿Perdón? El tío me sonó patético desde el principio (un desempleado más próximo a terminar en un OXXO) pero de alguna forma también estimuló la curiosidad. De hecho es bastante simpático, pero asquerosamente cursi. Sonaba desesperado y a mí me parecía sospechoso que observara tanta devoción por alguien a quien no conocía. Aún así, decidí darle el avionazo. Iniciamos una especie de relación virtual, y por primera vez no lo basé en algo sexual. En algún momento llegó a entusiasmarme y también le entré al juego de las frases románticas, los mensajitos de texto y los te amos más falsos que un billete de cincuenta centavos. Y él se lo creía todo a pie juntillas. ¿Que no se dió cuenta jamás de la situación tan absurda que estabamos viviendo? El vivía una fantasía imposible. Yo disfrutaba sobreactuando mis sentimientos al tiempo que trataba de sentirlo con toda honestidad. Afortunadamente, su móvil se dañó y desapareció justo cuando comenzaba a fastidiarme. Y no quiero que me juzguen. No quise ser cruel. Pero realmente él tuvo la culpa de infatuarse en medio de una situación tan frágil, y yo no tuve el corazón para hacerle ver su error.

En el lapso de tiempo que Felix desapareció, me encontré con Fisterra. Autoproclamado bisexual, para mí no es más que un chacal que cambia de marchas cuando ninguna vagina está disponible para saciar sus bajos distintos. Es un flaco sensual que un día que andaba aburrido, para matar el tiempo me citó, llevandome por primera vez a un motel. “El oso de la vida” diría él mismo. Nos subimos a su ranger roja y me llevó fuera de la ciudad, a un lugar económico pero agradable, donde en medio de la clandestinidad nos desnudamos, dejando al descubierto un portentoso falo largo, grueso y caliente del que me apoderé como si no hubiera mañana. Él tuvo el control de la situación todo el tiempo dándome el mejor fuck face de la historia. Pude besarlo, acariciarlo, pero no me dejó acceder a su oscura gloria. Se vino en mi garganta sin preguntar si quiera, taponeandola con una espesa bola de semen acumulado hacía quien sabe cuanto. Y luego nos despedimos prometiéndonos volver a ver, aunque yo no me hice falsas esperanzas pues era consciente que esos placeres se gozan una vez en la vida. Y sin embargo, deseé volvérmelo a topar pues uno no conoce monster dicks todos los días…

Feliz volvió hace cosa de dos semanas, y esta vez no pude eludir el hecho de conocernos. Nos reunimos una tarde para hablar y decidir “lo nuestro” y en persona me pareció más lindo que en sus fotos. Además, fue él quien empezó a hablar de follar y cosas así… También entendí el por qué de su desesperada necesidad de amar: es un hombre con el corazón roto que quiere a alguien que reúna los pedazos y los forje de nuevo. En ese sentido me dio lástima, tampoco tuve corazón para decirle que lo nuestro no existía, que no existió nunca y que no íbamos a ningún lado. En su lugar, formalizamos la mentira, despidiéndonos con la promesa de vernos de nuevo, cosa que no ha sucedido y ni sucederá… mientras tanto me divierto al no contestarle los mensajes y colgarle las llamadas que hace con tanta insistencia…

Con E. cometí el error de hablar antes de sentir. Después de esa noche en el cine, quedé encantado por su devoción a mi polla, que decidí tenerlo enteramente a mi disposición con el pretexto de una relación. Jugué el papel de Felix en esta ocasión y el otro se lo creyó todo a pies juntillas. Craso error el nuestro. Si Felix era cursi, este le supera a un nivel insoportable de tal forma que sólo quieres ahorcarlo. Además, los otros tienen el plus de ser discretos, pero este, aunque no es una loquilla descarada, por sus facciones no pasa totalmente desapercibido. Pero el colmo de los colmos, que mató la curiosidad, lujuria o lo que sea que haya sido, son sus fatales hábitos higiénicos que acabaron con todo el deseo. Quise salir corriendo, pero por consideración, decidí terminar nuestra primera cita de forma decorosa aunque me juré a mi mismo jamás volverlo a ver.

Y lo gracioso es que todos ellos han ocurrido en tan sólo un mes…  Convertí a dos de ellos en mis marionetas preferidas, jugando con sus emociones sólo por el gusto de saber hasta donde llegarían por mí. Es un juego sucio, cruel, indigno, placentero… He disfrutado mucho con él, sobre todo porque me ha revelado un poder que desconocía tener… Un sustituto al amor… Sin embargo, ocurrió algo que yo no esperaba…

Hace ocho días, una nueva persona me contactó para una tarde de sexo desenfrenado, con lluvia dorada incluída. Una nueva presa, pensé en mis adentros, un nuevo horizontes de placeres extremos, sintió mi pene. Y salí de cacería, blandiendo orgulloso el lema de ¡No te enamores nunca! sin saber que el destino había puesto a funcionar sus engranajes y que me dirigía directamente hacia una trampa de la que nada sospeché hasta que fue demasiado tarde…

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