Sospechosos habituales

En septiembre se acaba el año eclesiástico. Por eso, la agitación política ha ido en crescendo desde que se anunciaron los preparativos para elegir la nueva junta directiva.

El proceso para elegir la junta directiva es de esta manera: Primero, se eligen ante el pleno de la iglesia siete hermanos de buen testimonio que conformarán La Gran Comisión. Esta comisión elegirá La Comisión de Nombramientos, aunque casi siempre son los mismos. La Comisión de Nombramientos elige a los directores de cada uno de los departamentos. Pues bien, Las Reinas Negras quedaron dentro de la gran comisión al igual que la tía Evangelina (mi madre). La Sargento, queriendo expulsarla dijo al pastor que la tía era una persona conflictiva del mal testimonio. Afortunadamente no todos coincidieron y la tía pudo quedarse. Pero me picaron el orgullo. La Comisión de Nombramientos quedó finalmente conformada por Las Reinas Negras y sus lacayos. Solo dos personas imparciales quedaron. Pero ahí no paró el asunto. Aún debía aprobarse ante el pleno de iglesia. De esa forma, el sábado pasado se dió la lectura de la comisión para que si alguien tuviera objeción contra alguno de los integrantes, hablara o callara para siempre. De veinticuatro miembros presentes solo tres votamos en contra. Fuimos llamados pues a exponer nuestros motivos…

Resulta que Ángeles había sido propuesta por La Sargento. Así que devolviéndole sus palabras, acusé a la estéril de ser un mal testimonio en hechos y palabras (y conste que no mentí). Otra chica también despotricó contra ella y un tercero arremetió contra un lacayo. La caldera está al rojo vivo pensé, seguro de haber puesto un golpe contra ellas. Y me fui.

Luego, nos explicaron el sistema de  nombramientos: podíamos pedir un cargo o proponer una persona, así la comisión deliberaría más fácilmente. Una vez más, sonsaqué a otras personas para que propusieran a alguien diferente de Olorfernes o La Sargento para la tesorería (cargo que en diez años no han soltado y solo se pasan entre ellas).

Pero actué insensatamente. Al verse en peligro, Ángeles, sin haberse opuesto públicamente, arremetió contra mi madre y la acusó ante El Gran Líder. Como resultado, fueron expulsados de la Comisión de Nombramientos El Lacayo, Ángeles y Evangelina, quien le dijo sus tres verdades al Líder para que no fuera tan pendejo.

Ahora comprendo esa expresión biblíca que dice “dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Creyendo asestar una herida mortal ante la tríada maligna, los perjudicados fuimos nosotros. Porque las brujas hechizaron al Gran Líder y valiéndose quien sabe de cuanta magia negra le han hecho creer que ellas son las victimas y nosotros los malvados. Así, mis intentos por derrocarlas se han vuelto en nuestra contra, pruebas fehacientes de nuestras malas intenciones. Y lo que me enoja es que la feligresía, aún consciente de la injusticia, ha decidido permanecer callada. Por Alo sé que pronto recibiremos una visitación pastoral, la cual creo, será decisiva en esta guerra.

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