La conjura de las reinas negras

La Iglesia se haya subyugada por un oscuro poder disfrazado de virtud personificados en tres reinas negras, espíritus malignos que conforman una triada diabólica. Olofernes y La Sargento llegaron de muy lejos, atravesando más de media ciudad y se emplazaron en un territorio ajeno como si fuera el suyo propio. Mientras que La Sargento es amarga, dura y hosca, siendo amable lo imprescindible para entrampar, Olofernes es una mente maestra dulce y peligrosa que desea dominar todo, desde los actos hasta los pensamientos. Alrededor de ellas se irguieron las hermanas de Olofernes, todas con su grado de peligrosidad pero ninguna con tanta malicia. La última en unirse al grupo fue Ángeles: seria, rencorosa y peleada por la vida ya que tiene un vientre estéril. Así, la administración de La Iglesia quedó relegada a dos familias. Luego, compraron la voluntad de la feligresía a través de favores y deudas de vida, sazonando con intimidación, ignorancia y represión, de forma que nadie ose contradecirlas, de forma que todos los demás obedezcan como robots autómatas, mientras la realidad es maquillada al estilo de The Matrix.

¿Qué clase de poder o beneficio puedes hallar en una pequeña e insignificante Iglesia que es parte de una organización mayor? Me he preguntado lo mismo desde que la verdad se reveló ante mis ojos y la única respuesta posible es el placer que solo el poder puede darte: el poder sobre el dinero, sobre la vida y la muerte espiritual, el gusto de ser reina en un país de ciegos.

Mi familia y yo somos de los pocos que aún conservamos nuestros sentidos y nuestra voluntad. Oponemos resistencia ante la tiranía (opinamos, cuestionamos y desobedecemos), pero somos insuficientes.  Por eso nos odian, por eso intentan siempre dejarnos mal ante los demás, como si nosotros fuéramos los villanos de la historia.

A mí me subestimaron. Es la única razón por la cual me hayan permitido ingresar al Concilio Directivo. He estado trabajando por y para los jóvenes. Me temo que creyeron que no funcionaría, pero se equivocaron. Ahora intentan quitarme del camino, entorpeciendo lo que hago. Han esparcido también una monografía familiar no autorizada donde la realidad ha sido distorsionada y aumentada. ¿Porqué? Porque sin esfuerzo mi familia ha demostrado que no somos malos ni mucho menos, simples mortales que conservan su independencia y su derecho de expresarse. Esto ha ocasionado una guerra fría dentro de la Iglesia.

Conozco la conspiración porque ya ha trascendido al nivel del distrito (un distrito es un conjunto de iglesias)  pero no puedo probar nada. Las reinas negras son malas y cobardes y mañosas. Sólo me queda resistir y esperar por el momento de mi venganza.

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