El chico de la profecía parte 2

Imagíname a mí: un cristiano hipócrita que se da tintes de santidad a los ojos de los demás, pero que siendo consciente de que a Dios no se le oculta nada, es en la oscuridad un tipejo sin moral, depravado, sucio y pecador consuetudinario. Pues bien, imagínate que un tipejo de esta calaña termina siendo el líder moral y espiritual de los jóvenes de un distrito sin precisar. Suena imposible. Pues bien, ha ocurrido, y gracias a una profecía involuntaria.

Todo comenzó cuando inexplicablemente la comisión de nombramientos* propuso mi nombre para ser líder célula y director de jóvenes en el año eclesiástico 2011-2012. La cosa era rara, pues aunque nunca he sido descarado siempre he sido bastante estrafalario en mi modus vivendi, siempre transparente de lo que pienso de muchos de los preceptos de la iglesia, en general, un salvaje comedido pero nunca una lumbrera. Por ese motivo fue tan extraño que me quisieran para dirigir a los jóvenes durante doce meses. En fin. Ya en una ocasión lo habían hecho y esa vez, por flojera y por baja autoestima me negué, pues no me consideraba lo suficientemente preparado para manejar a una legión de adolescentes y preadolescentes que durante muchos años habían vivido bajo La Sombra del Mesías. En fin, que en esta ocasión comisionaron al hermano Brochel para hacerme la propuesta y como siempre me he llevado muy bien con él (y porque ahora que lo piense fui aturdido por el influjo de una fuerza misteriosa) terminé aceptando no solo el cargo de director, sino también el de líder de célula. Entonces debí sospechar que algo estaba siendo cocinado por el Destino, pero lo dejé pasar.

Pues bien, ya había sido elegido director y una de mis principales obligaciones era ponerme a las órdenes del Club Juvenil Distrital (CJD)** lo cual implicaba la estresante y fastidiosa tarea de interactuar con personas desconocidas. Por lo anterior, me apersoné al siguiente programa espiritual organizado por dicho club. Ese día, una vez más las circunstancias notoriamente en mi contra. El Mesías, el director en turno no había llegado, y aunque oficialmente no había empezado las funciones de mi cargo, fui convocado para representar a mi iglesia en la elección de la nueva directiva del CJD. Así, descendí al lugar donde dicho acto se estaba llevando a cabo y de golpe me topé con unas quince caras desconocidas que miraban con expectación y un dejo de desconfianza. Acababan de iniciar la dinámica de propuestas y para variar todos estaban mudos, mirándose unos a otros. Ocupé mi lugar en un punto desafortunado de la mesa y me entretuve mirando como hacían y deshacían al proponerse y rechazarse unos a otros. Finalmente me llegó el turno de proponer. Más silencio. Argumenté que no estaba capacitado para proponer, pues no conocía a nadie. Craso error. Pipe, un director que se hallaba en la esquina izquierda casi enfrente de mí, rebatió mis palabras con un saz en toda la boca “pues para que nos vayas conociendo, yo te propongo a ti” Madre de Dios. Fui el último en llegar y no habían comenzado recién. Sólo faltaba un tercer nombre para poder hacer la elección de los cargos principales (Presidente, Vicepresidente y Secretario). Y ese tercer nombre fui yo.

No recuerdo muy bien el siguiente paso, pero el caso es que involucraba papelitos y un conteo. Así, finalmente Alo quedó como presidenta, Manolo resultó electó vicepresidente y Yo me quedé con el cargo de Secretario. “Uff, que no me ha ido tan mal” pensé. Hablé demasiado pronto. Las reglas (malditas reglas) dictaban que dos hermanos no podían ser presidente y vicepresidente. Alo y Manolo eran hermanos. Luego entonces, intercambié mi cargo con éste último y fue así que por un asunto legal terminé convirtiéndome en el señor vicepresidente; la profecía de Xavier estaba cumplida.

Pero la historia recién comenzaba. Durante el proceso de elección había aparecido El Mesías, quien disimuló bastante bien su enojo al notar mi presencia en el lugar. Y disimuló su enojo al saberme Vicepresidente. A él le ofrecieron cualquier otro cargo, menos el que quería, menos el que buscaba, así que lo rechazó y alegó no tener tiempo.

Y en el justo momento que esa junta se dio por concluida y ninguna circunstancia podía cambiarse, todo una madeja de traiciones y pasiones quedó desatada, dando inicio a un nuevo año eclesiástico cargado de emociones sin nombre…

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