El chico de la profecía parte 1

Contrario a lo que puedan pensar, el liderazgo no es parte de mis actitudes o mis mejores atributos. Soy consciente de ello, así que desde siempre he rechazado puestos o roles que impliquen el uso de esta cualidad. Sin embargo, muchas personas se han empeñado en no opinar lo mismo. Una de esas personas era Xavier.

Xavier era un hijo pródigo que pasó muchos años en la Universidad Adventista de Montemorelos, en el norte del país. Se fue antes de mi llegada a la iglesia local y volvió súbitamente en la primavera de 2009 provocando un revuelo entre la feligresía, especialmente las chicas y las señoras. ¿La razón? Pues que del púbero regordete que tartamudeaba no quedaba absolutamente nada. Montemorelos nos devolvió un príncipe azul mezclado con antihéroe, un hombre de pelo en pecho (y espalda y brazos y todo…) que sin ser del todo guapo poseía sendos atributos masculinos que generaban a su alrededor un aura de fortísimo magnetismo sexual. Era alto y delgado, con una voz masculina pero suave y agradable combinado con una labia impresionante tal que aunque supieras que mentía igual te esforzabas por creerle. Además era bastante alegre y pronto tuvo a chicos y grandes orbitando alrededor de él. Como era inevitable, en el siguiente año eclesiástico (2009-2010) fue elegido director de jóvenes.

Recuerdo que fue él quien se atrevió a romper el hielo para conmigo pues yo había guardado mi distancia para con él. Me intimidaba, lo admito, y si bien en ese entonces me parecía un tipo común, pronto empecé a conocerle mejor y su espíritu rebelde terminó por cautivarme. Puedo decir que nos hicimos amigos en poco tiempo, especialmente después de un taller de organismos donde nos adiestraron sobre nuestras responsabilidades del nuevo año (francamente no recuerdo que puesto ocupé en aquel entonces). Durante ese fin de semana hablamos de muchas cosas y expusimos nuestros Yos verdaderos. Fue allí donde descubrí quien era realmente Xavier: un muchacho inmaduro, salvaje, con una cualidad específica que no sabría describir si como una ingenuidad rebelde o una rebeldía ingenua. Era muy culto en muchos sentidos sí, pero le faltaba responsabilidad y mucho sentido común. Terminé por infatuarme.

Llegué a considerar a Xavier como una especie de mesías que habría de romper con una larga tiranía que los jóvenes de la iglesia habíamos sufrido de manos de un tipejo asqueroso. Se lo hice ver muchas veces, pero nunca quiso echarse el paquete, por las razones anteriormente descritas. Nunca supe que pensó de mí a ciencia cierta, no hubo tiempo de saberlo, pero recuerdo que él siempre me rebatía mis insinuaciones con un argumento peculiar: “De aquí al final del año haré de ti un muchacho consagrado, haré que cambien tus opiniones respecto de la iglesia. Ya verás como llegas a estar muy alto, como llegas a ser un buen líder” Entonces no le creí. Pensé que aunque se esforzara por sonar serio, era una más de sus palabrerías jocosas. Entonces yo también le respondía que la Directiva jamás permitiría que eso ocurriera: “Soy capaz de traspasar muchos límites… si un día ocupo un puesto de liderazgo, me desbocaré y terminaré derramando sangre”. Ante la imposibilidad de cualquiera de los dos por ceder, discurríamos en otros temas típicos de jóvenes sin consciencia.

Xavier desapareció un día, tan fugazmente como había llegado. Se fue llevándose mis esperanzas de tiempos mejores para los jóvenes de la iglesia. Se dijeron muchas cosas respecto a eso, como que se estaba quedando ciego por culpa de una maldita mujer. La versión no oficial pero verdadera es que se enamoró de una mujer 13 años mayor que él y se casaron, pero como la iglesia y la familia les condenaron hubieron de huir a donde nadie pudiera perseguirlos. No dijo adiós, no se despidió de casi nadie. Borró su cuenta de correo electrónico. Y simplemente quedó como un recuerdo.

No pensé mucho en él después de eso. Terminó el año eclesiástico con el interinato de su subdirector (que tenía tras de sí la maligna fuerza de siempre) y llegó otro más, lleno de horror y monotonía. No obstante, los hilos del destino se habían empezado a mover desde el momento mismo en qué Xavier pronunció inintencionadamente su embrujada profecía, que habría de empezar a cumplirse una noche a finales de septiembre del año 2011…

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