La invención de Hugo Salinas parte 2

Cuando pensé que realmente no volvería a saber de Hugo Salinas, tras días de silencio, este volvió a la carga. Ahora, su insistir denotaba la pérdida de su paciencia. Su posición de suplicante y resignado comenzó a tomar tintes alterados y de nueva cuenta estuve tentado a bloquearle. Creo que al final se dio cuenta de lo que estaba haciendo y mostró otra vez un perfil bajo.

“Ayúdame con lo que puedas” rogó. Decidí seguirle el juego. “¿Cuánto quieres y cómo te lo mando?” pregunté tratando de sonar convencido de que su disparate tenía lógica y razón. “Lo que puedas, y creo que por Western Union estaría bien” me contestó. “¿Y yo que recibo a cambio?” insistí. “Viviremos juntos, haré lo que tú quieras, te lo prometo” fue su respuesta. Guardé silencio unos segundos, pensando en que más preguntarle para tratar de encontrar sus verdaderas motivaciones. “Qué rol eres y cuánto te mide la polla?” fue mi siguiente cuestionamiento. Silencio del otro lado, obviamente estaba eligiendo las cartas que utilizaría. “Juego versátil activo y pasivo, y me mide como 17 o 18 centímetros”. Quiso sonar tentador, pero era claro que mentía, sus respuestas trataban de evitar que yo me saliera por la tangente.

Pensé por un buen rato que decir a continuación. El me preguntaba que si siempre si o siempre no. Entonces le di un giro a la plática: “Debes saber una cosa, me gusta el sexo fuerte. Difruto maltratando y humillando a mis parejas. Me gusta la lluvia dorada y practicar el fisting” traté de sonar como un maniático pervertido peligroso, pero el me dijo que no le importaba. ¡WTF! Sé que el amor todo lo sufre y todo lo soporta pero eso ya era excesiva rsignación. Mucho me sospecho que el tipo ni siquiera sabía de que le hablaba. En fin. Apelé a su lado sentimental. ¿Estaba  dispuesto a dejar su vida por seguir  a un desconocido de quien aseguraba estar perdidamente enamorado? No le importaba. Entonces tuve que pedirle de manera directa y sin escalas que fuera honesto conmigo, para que yo tomara una decisión definitiva respecto a ayudarle o mandarlo al Diablo para siempre.

El silencio se prolongó por bastantes minutos. Estuve cerca de bloquearlo pero en el último momento recibí su lacónica respuesta: efectivamente, quería huir de su país, pero también quería conocerme. Resulta que sus padres no lo quieren, que lo ven como un bicho raro, nada especial, que los lindos son sus hermanos. Que no lo apoyan para nada, que sufre ahogado de desprecio y soledad. Finalmente probé que tenía razón, el chico quería utilizarme para escapar de su realidad.

Me dio pena. Ya no quise eliminarlo más le tendí una mano amiga. Le dije que entendía esa sensación de abandono, que la soledad misma era parte intrínseca de mí, pero que la desesperación podía orillarnos a tomar decisiones extremas, equivocadas y desastrosas. Le dije que tenía mi amistad para cuando quisiera hablar con alguien, cuando requiriera auxilio. Lo aceptó, pero luego me pidió ayudarle económicamente. Le respondí que por ahora mi solidaridad era la única ayuda que podía enviarle. Silencio una vez más.

Por un momento pensé que de nuevo estaba cayendo en el engaño, que trataba de apelar a mis sentimientos y humanidad, pero tras examinar su muro pudo darme cuenta que Hugo tiene severos problemas existenciales. No lo eliminaré. Lo dejaré ahí, en mi lista de amigos, por si decide aceptar mi oferta, para que no quede de mí.

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