Vistazos al pasado

Desde enero he seguido con renovado interés la icónica serie de ciencia ficción The X Files, protagonizada por David Duchovny y Gillian Anderson en los papeles de Fox Mulder y Dana Scully respectivamente. Nada más comenzar el main theme me sumerjo en uno que otro recuerdo, pues para empezar, debo reconocer que en mi niñez esa musiquita me daba miedo, ahora en cambio la disfruto.

La serie comenzó en 1993, un año antes de que comenzara mis estudios básicos, es decir, cuando cursaba el último año en el Jardín de niños Margarita Maza de Juárez y me aferraba a los pantalones de mi papá porque no quería quedare abandonado en las garras de la maestra. Y no es que fuera mala. La del último año era muy buena persona, pero los traumas de los dos años anteriores perduraron durante mucho tiempo.

En ese último año ocurrió una de las tragedias más graciosas de mi infancia: por una serie de desafortunadas circunstancias y malos entendidos, ninguno de mis padres fue a recogerme. Estudiaba de tarde, así que ya se imaginarán la angustia de ver la noche llegar y encontrarme totalmente abandonado a kilómetros de mi casa. Dieron las nueve así que el asunto pasó a manos de la directora del plantel quien hizo de tripas corazón y utilizándome como un GPS humano me llevó hasta mi casa en su coche. Demás esta mencionar la el tremendo regaño que le plantaron a mi papá (mamá llegó del trabajo un par de horas después) y la anécdota quedó como un chantaje divertido que fue desgastándose con el paso del tiempo.

Durante nueve temporadas repletas de emociones, traiciones y conspiraciones la serie condujo a sus protagonistas en una eterna búsqueda de respuestas donde sólo se hallaban preguntas hasta que finalmente en 2002 Chris Carter, el creador, los enfrentó cara a cara con la verdad. En ese entonces yo cursaba el segundo año de la educación secundaria, miraba la serie por canal cinco, no asistía a la iglesia comenzaba a devorar la saga de Harry Potter y en mi casa no había estallado la bomba de tiempo que habría de marcar los años subsiguientes. En ese entonces, mirar el programa era toda una odisea, pues entonces como ahora, mi madre decía que me afectaba la mente (en particular el episodio del come tumores). El sólo pensar en la longevidad de la serie me da melancolía y me enfrenta con el hecho de que estoy por cumplir 24 años. ¡Qué viejo!

En la secundaria tuve un mejor amigo. Ah, esa estupidez de haberlo considerado mi mejor amigo. Lo conocí en la primera semana de clase, cuando él se sumergió en un histérico ataque de risa que terminó por contagiarme. Desde entonces fuimos inseparables, pues teníamos un comportamiento bizarro y socialmente inadecuado. Él era (es) muy inteligente y era capaz de adaptarse según la situación que se presentara por lo que no era considerado un bicho tan raro como yo (de hecho su facilidad para hacer amigos es pasmosa).

Cursamos los tres años de secundaria, el final de The X files me pasó inadvertido y llegamos a la preparatoria técnica donde nos separamos (estudiamos carreras diferentes) y nuestra relación comenzó a enfriarse (señal inequívoca de su futilidad primigenia). Gracias a él conocí a Diana y me relacioné mucho mejor con otras compañeros de la secundaria con los que coincidí en la nueva etapa. Todos habíamos madurado y tras los fatídicos sucesos del último año, mi perspectiva de la vida sufrió un cambio notable. Fue hacia finales del 2004 (el año que terminó Friends y que comenzó mi fanatismo por esta serie) cuando mi amistad sufrió el primero de los reveses: él y yo nos enamoramos de la misma persona.

LALA era  un amigo en común bastante atractivo, bastante simpático y bastante complicado emocionalmente al que me había acercado en los últimos meses, tras la muerte de su padre. Pues bien, creo que más que amor era infatuación pero el impacto que me causó fue bastante severo. El principal obstáculo resultó ser la incertidumbre de saber si era o no era homosexual y el reto de que lo asumiera o nos diera alguna señal. El problema es que Mi Mejor Amigo mantenía una relación mucho más estrecha con el mencionado y eso me ponía los pelos de punta. Cabe mencionar que Mi Mejor Amigo había cambiado bastante: los pequeños defectos del pasado (su maquiavelismo, su socarronería, su indiferencia) se potenciaron al punto de volverlo una persona de quien desconfiaba. Finalmente fue él quien me convenció de declararle mi amor a LALA, quien reaccinó de una forma airadamente esperada. El resultado final fue  que Él se quedara con la amistad perdurable y yo terminara relegado a un estatus de “compañero amigo alguna vez conocido”. Una vez los ojos bien abiertos, me di cuenta de tosas sus malas intenciones desde el principio, pues siempre tuvo la facilidad de meterme en problemas y salir indemne de las consecuencias. Además, mi madre le culpaba por mi homosexualidad (y digamos que tenía razón pues fue el hecho de sincerarnos mutuamente lo que me motivó a actuar de las formas en que lo hice) así que decidí apartarme de él.

Dejar una amistad de tanto tiempo me fue difícil, pero finalmente lo logré el último año. Después, partí rumbo a la Universidad e inicié la siguiente etapa, dispuesto a comenzar de cero. Hice nuevos amigos, pero poco a poco, a cuenta gotas, el pasado terminó por alcanzarme y mis viejos amigos fueron reapareciendo así como los 4400 o Alcatráz (por cierto, que serie tan aburrida). Regresó Diana, regresó LALA y regresó Él. Me ha llamado por teléfono. Me ha enviado mensajes de texto. Me ha solicitado amistad en Facebook. Me ha insistido por inbox que hablemos.

Pero no quiero. Pero no lo haré. Porque las personas como él no cambian. Y pruebas suficientes tengo: como nuestra amiga en común no quiso quedar en medio de la guerra ni hacerse de su bando, ha cortado toda amistad con ella dada su preferencia hacia a mí. No entiendo cuales son exactamente sus intenciones, pero seguramente no son buenas.

Hoy, estoy camino a descubrir la gran conspiración en The X files, porque no es lo mismo leer un resumen desganado en algún foro de Internet que ir juntando pieza por pieza el rompecabezas. Debo decir que disfruto enormemente cada episodio, porque vienen siendo como una conexión al pasado: comenzó en los 90’s, terminó en el nuevo milenio y regresa diez años después, para satisfacer a los rezagados que siempre la extrañamos sin saberlo.

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