Las incongruencias de la fe

Reflejar el amor de Cristo, los adventistas lo están haciendo muy mal aunque se empeñen en decir lo contrario.

Hace cosa de unos meses, se acordó que como parte de la serie de programas espirituales juveniles se impartiera un seminario sobre Tendencias Sexuales. El tema de por sí ya fue acogido con bastante  incomodidad por parte de los miembros del concilio juvenil, pero dado que es mejor un tema a tener que pensar en una opción diferente, todos estuvieron de acuerdo. Pues bien, las cosas iban a buena marcha, pues lo más importante era conseguir un psicólogo  que abordara el tema acorde a los principios cristianos de los adventistas, es decir, que no se le ocurriera decir ni de chiste que la homosexualidad no era mala sino cosa aceptable. Los problemas comenzaron cuando se inició la etapa de la publicidad y promoción. Sabiendo de antemano lo mojigatos que suelen ponerse los cristianos en estos temas tabúes, decidí ser un poco más provocativo en la cuestión del póster y desechando la pazguata visión de mi compañera, sugerí que en lugar de poner a dos perfectos desconocidos sin gracia como imagen ilustrativa, se utilizará a dos referentes culturales con quienes el público objetivo, en este caso los jóvenes, estuvieran familiarizados. Así pues, los elegidos resultaron ser Lindsey Lohan y el señor Ricky Martin. La intención principal era que los jóvenes comprendieran que el tema estaba presente en sus vidas de una forma innegable y que por tanto sería interesante asistir, pero jamás esperé que mi provocación tuviera tal impacto en las sensibles fibras de los ultra estúpidos, perdón, ultra conservadores. Se satanizó el poster. Nos acusaron de herejes. Se nos acusó de incitar a los jóvenes a la mundanalidad. Pendejadas pues.

El póster de la vergüenza

Aunque debo decir que fue bastante estresante tener que rebatir todas y cada una de las absurdas acusaciones (hubo un atrevido que dijo que los símbolos de géneros masculino y femenino eran cosa del Diablo) al menos permitió sacar a flote la postura real de los adventistas de años en lo que a homosexualidad se refiere.

Los adventistas son ante todo homofóbicos. Los comentarios despectivos respecto al póster desbordaban de prejuicios y malas intenciones. Nos preguntaban “¿le gustaría a Dios tener la fotografía de estas dos personas en su templo?” La respuesta inevitable fue: “No, a Dios no le gustaría tener la fotografía de ellos en su templo, le gustaría tener a esas dos personas en su templo” Si ese arguende armaron por dos fotografías, no quiero saber cómo se pondrían si alguien con tendencias homosexuales decidiera ir a la iglesia adventista un sábado cualquiera. Seguramente lo apedrearían. Seguros muchos podrán argumentar que el conflicto lo causó el hecho de utilizar personas famosas para promocionar un evento cristiano. Pero allí donde todos veían a un cantante homosexual y una actriz lesbiana, yo veía un hombre y una mujer con tendencias sexuales diferentes. La versión original del póster también contenía a un hombre y una mujer desconocidos para el mundo. Si se hubiera utilizado esa versión nadie hubiera dicho nada. El problema es que los adventistas están acostumbrados a mirar el pecado antes que al pecador y de condenarlo al tiempo que se dan baños de pureza que los pongan un poquito más cerca del Cielo.

Los adventistas conservadores, esos que creen tener la verdad absoluta sobre cómo manejar una Iglesia y que creen ser los representantes de Cristo en la tierra (ya sé que ese rollo es de los católicos pero los sabáticos también se dejan envolver por la soberbia, la prepotencia y la gilipollez)  me castran y me revientan el hígado. Una de las actitudes más absurdas que siempre les he criticado es la ideología en cuanto al vestir. Si algún lector ha visto alguna imagen de la Alma Mater de la extrema derecha adventista es decir, Elena G. de White, pues comprenderá que ese es el ideal con que hombres y mujeres deben vestirse: cubrirse de cabo a rabo sin dejar asomar ni un pedacito de piel que pueda incitar el pecado. Los hombres por ejemplo, deben usar ropa formal compuesta de un saco, camisas mangas largas (las mangas cortas también son consideradas asunto del Maligno), corbatas, pantalones de vestir y zapatos lustrados. Así, la mezclilla es una tela satanizada e incomprendida, totalmente repudiada dentro de la Iglesia. Cualquiera que se atreva a usarla (Dios nos libre si  se combina con una playera) es visto con desagrado y en automático está al borde de la disciplina y la perdición. En el caso de las mujeres, deben vestir faldas estilo monja con la que barran el piso, y blusas que les asfixien el cuello y les corten la circulación de las muñecas. El principal argumento que utilizan es que, la iglesia es un lugar especial a donde vamos a encontrarnos con Dios y así como nos “entlacuchamos” cuando vamos a una fiesta, así debemos vestirnos también. Además, debemos distinguirnos del resto del mundo, pues somos pueblo escogido, nación santo blah, blah, blah.

La madre de todos los prejuicios y extremismos adventistas

¿A qué estamos jugando?

No hallo ninguna diferencia entre un adventista y un prole de clase media que va a una fiesta secular medianamente decente. No hallo ninguna diferencia entre un adventista y un Testigo de Jehová cuando ambos bandos se ponen sus ropitas pasmadas. Al menos en mi caso, no hallo ninguna diferencia entre un adventista predicador y un chofer de transporte público pues ambos visten camisas blancas mangas largas, corbata y pantalones negros. A los que se ponen sacos, fácilmente los puedes confundir con un hombre de negocios sin escrúpulos o con un narcotraficante, o con un vendedor de tienda departamental. Ellos también se visten bien. La ropa en mi opinión no marca diferencia alguna. Y es que aunque el maldito se vista de seda, maldito se queda. Las ropas formales no son más que un subterfugio para ocultar la podredumbre del corazón. Aquellos que más proclaman la buena costumbre en el vestir son los cristianos más cretinos que puedas encontrarte, los más pecadores, los más hipócritas, los más insidiosos.  Aunado a esto, de mi experiencia puedo decir que esta mentalidad lo único que fomenta es el orgullo y la vanidad pues parece ser que entre más fina la ropa, más santo se es. Y entre más humilde te vistas, más abajo te colocan en la jerarquía social de las congregaciones, que también hacen sus distinciones, no me digan que no.

El otro día, el pastor de mi distrito dijo una soberana estupidez: las mujeres maltratadas, vilipendiadas, humilladas, sobajadas y ultrajadas por esposos malditos, en vez de quejarse o defenderse, deben soportar estoica y masoquistamente así encuentren la muerte, con la esperanza que una actitud resignada, servicial y sumisa haga descender al Holy Ghost para que toque el corazón de los hombres necios y así estos se conviertan al Cristianismo. (Para variar citó a Doña Elena) Me quedé sin palabras y aún tragué en seco cuando varias hermanas (muchas de ellas dejadas, engañadas y olvidadas) asentían con la cabeza. La iglesia adventista, aunque lo niegue, mantiene el sistema patriarcal de los antiguos judíos. A las mujeres se les somete, en el nombre de Jesús, a un matrimonio infernal en vez de mostrarles salidas más viables para situaciones desesperadas. En vez de enseñarles a defenderse y a ser fuertes, lo único que les dicen es que al marido borracho y golpeador se le consiente: se le alimenta, se le lava, se le plancha, se le hace el amor inclusive si ya viene deslechado por la amante. ¿¡Alguien le encuentra lógica a lo anterior!? En vez de enseñárseles a valerse por sí mismas para ellas y por sus hijos, se les entretiene en ministerios inútiles donde no se les enseñan nada práctico: tejer chambritas, adornar sandalias, elaborar figuras con malvavisco… actividades ñoñas que con la adecuada visión les podrían resultar sumamente beneficiosas. En lugar de abrirles los ojos y hacerlas despertar del letargo en el que se hallan recluidas desde siempre, se les imparten seminarios angustiosamente mamones donde lo más relevante que se enseña ¡es como lavarse la vagina! Ahora comprendo porque otras denominaciones los acusan de sectarismo.

La iglesia adventista está plagada de estas y muchas otras incongruencias que más les valdría atender puesto que sí, tal como dicen, ellos son el remanente, el pueblo de Dios, a este paso y contra todo pronóstico, las profecías del Apocalipsis deberán replantearse urgentemente.

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