Vacío y oscuridad

31 de diciembre, último día de este fatídico año. Para muchos, hoy es un capítulo cerrado de sus vidas y se preparan comenzar de nuevo el día de mañana. Pero seamos honestos, la mayoría seguirá cometiendo los mismos errores (al tiempo que cometen otros completamente nuevos). Y es que para hacer un cambio radical en nuestras vidas no hace falta esperar a que llegue el fin de año. Hace falta, ante todo, convicción y luego fuerza de voluntad. Mientras tanto, para mí, no habrá un mañana.

Los días han sido angustiantes. La maldita enfermedad abrasa y consume mi cuerpo en medio de los dolores más terribles que jamás hubiera imaginado. El cuerpo tiembla ante cada onda expansiva que lo estremece, que lo paraliza, que me hace agonizar. La piel de mis extremidades se ha hecho trizas: después de adquirir un color grisáceo, surgieron pústulas y rasguños purulentos que hieden insoportablemente. Cualquier contacto brusco me despelleja. De mi pierna… ¿qué puedo decir de mi pierna? Está completamente ennegrecida, y la herida está siendo devorada por gusanos.

Mi familia me abandonó. Pero no los culpo. Antes de que esto empeorara, mi madre me traía el alimento hasta mi cama. No obstante ayer cuando me trajo el desayuno, el sólo verla despertó en mis adentros una ira implacable y me he arrojado sobre ella, estrellándola contra el suelo.  La he golpeado con saña, clavando mis uñas en su carne hasta hacerla sangrar. Cuando lograron quitármele de encima, he lamido la sangre de mis dedos y le he encontrado gusto y placer; ¡ese fortísimo sabor a hierro es suculento! Después del ataque me encerraron en mi habitación. Proferí gritos terribles que expresaban los negros pensamientos que cruzaban por mi mente: quiero probar su carne. Ahora mismo, cuando lo pienso, sólo puedo imaginar en el placer de desgarrar sus frágiles cuerpos mientras gritan de agonía al tiempo que la sangre brota de todos lados bañándome por completo. Por eso se han ido.

¿Qué me está pasando? ¿Acaso esta extraña infección es también capaz de enfermar el alma? El doctor no pudo precisar que es lo que me había ocurrido y tras encontrarme en la situación tan deplorable que he descrito, desistió de seguir tratándome. Su rostro, su rostro fue lo que más me espantó: no reflejaba ni lástima ni repugnancia, era miedo.

Hoy, casi arrastrándome he logrado llegar a la cocina donde cogí el cuchillo más filoso que encontré. Fui dejando pedazos de piel putrefacta en mi recorrido y la pierna se ha agrietado a la altura del muslo, amenazando con desprenderse del resto del cuerpo. Con trabajos he vuelto a mi cama, que es en realidad un amasijo pestilente y sanguinolento. He logrado con trabajos encender el portátil y he escrito mi último post. ¿Por qué? No lo sé. Quizá es el único ciclo que puedo permitirme cerrar. Después del punto final habré de clavarme el cuchillo en el corazón para detener el sufrimiento y acabar de una vez por todas con esta insana existencia. No imaginé que terminaría de esta manera. Pero creo que es justo después de todo lo que sido: un hereje, un hijo perverso, un sociópata, un homosexual pervertido. La agonía ha sido el juicio, la muerte mi castigo. Éste mi final.

Suerte para aquellos que cruzarán el umbral de un nuevo año. Ojalá puedan redimir a tiempo los pecados de su existir, pues tarde o temprano los alcanzarán para destruirlos. Los míos lo han hecho. Ahora mi esencia se desvanece. Sólo queda vacío y oscuridad.


 

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