Delirio

Mi madre no pudo detener la hemorragia así que hubieron de llevarme a la sala de urgencias donde tras un par de horas lograron cauterizar la herida. Me aplicaron la vacuna contra la rabia (un trago demasiado amargo) y me enviaron de vuelta a casa para descansar y esperar que el tiempo y la naturaleza terminaran de curar la herida.

No pude dormir. El dolor ha sido insoportable. Si bien al principio se reducía a tan sólo al área descarnada, las punzadas insufribles terminaron por extenderse al resto de la hinchada pierna que al menor movimiento se deshace en extraños espasmos incomprensibles. No puedo caminar, no puedo descansar, sólo me queda sufrir.

El día me sorprendió con fiebre. La sed es también insoportable pues sin importar cuánta agua tome, permanece en la boca crispándome los nervios. También me duele la cabeza, a la altura del cuello. La visión me falla, la luz me resulta intolerable y aún me tortura con los parpados cerrados. Además, mi transpiración a veces me parece turbia (exageraciones, dice mi madre, aunque noto preocupación en su mirada). Estoy seguro que mi cuerpo despide un humor nauseabundo.

Mi estómago no tolera las comidas. Esta mañana me han servido caldo sancochado y la he vomitado cinco minutos después en medio de una babaza salpicada con trazas de sangre. Al mirarme en el espejo he visto un rostro cetrino, desencajado. Mis eternas ojeras se han remarcado al punto de ofrecer una vista desagradable. También tengo mucho cansancio, más es inútil tratar de dormir. Más que inútil, es imposible, simplemente me mantengo aferrado a la patética realidad en la que me hallo inmerso en este momento.

Hace unos minutos, he espiado la herida por debajo del vendaje y el panorama no resulta demasiado alentador: el agujero que dejó la mordida se ha puesto negruzco, tiene un aspecto como necrosado. Le he dicho a mi madre y ella se ha comunicado con el médico, pero éste no podrá verme hasta dentro de un par de horas.

Esta situación me saca de quicio, debo admitir que tengo miedo. ¿Es normal que me pase todo esto tras una mordida? ¿Y si pierdo la pierna? ¿Y si debo pasar el resto de mi vida como un cojo?

No hallo explicación lógica para lo que me está ocurriendo. A veces pienso que es a causa de la vacuna, síntomas de la batalla que se libra dentro de mi cuerpo. Pero a veces pienso que algo más siniestro, que la mismísima Muerte se está gestando dentro de mí. Quizá ya no halla remedio. Quizá sólo sea cuestión de esperar.

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