Desvaríos

¿Y qué del amor? Creo que todo este tiempo, el mundo ha acariciado un concepto erróneo de él. Así como muchos mal interpretan el cogito ergo sum de Descartes, todos tenemos una idea distorsionada del famoso sentimiento. Verás, desde que nos conocimos, entre nosotros ha surgido una relación sumamente especial, y creo que te lo he dicho antes, aunque dudo que sepa explicar adecuadamente mi punto de vista. Lo intentaré:

Hemos sobrevivido a una crisis tremenda. Nos herimos, nos lastimamos, nos separamos. Y esa ausencia marchitó nuestros anhelos y nos hizo ver nuestra suerte. Afortunadamente, enmendamos el error antes que fuera demasiado tarde. Ambos supimos dejar el orgullo a un lado ¡y vaya que me costó trabajo! Pero supe que sin ti ya no podía vivir así que fui a  recuperarte. Y todo se resolvió abriendo nuestros pensamientos más recónditos.

Nosotros no necesitamos darnos besos, ni chuparnos las anginas ni enredarnos las lenguas. No necesitamos andar tomaditos de la mano ni andarnos manoseando en algún rincón oscuro. Estar juntos cuando más nos necesitamos ha sido suficiente. Tan suficiente que la gente ya ha empezado a murmurar que somos novios, que dicen que nuestros rostros se transfiguran cuando nos encontramos. Ha sido suficiente también decirnos verdades que lastiman pero que evitan catástrofes peores. Han sido suficientes esas cosquillas insoportables con que me torturas, los abrazos espontáneos que de pronto quiero darte (y que se que tanto te gustan), ha sido suficiente hablar por horas y horas dentro del carro, así sea de temas importantes, así sean estupideces. Ha sido suficiente secretearnos por el chat de facebook durante los días de trabajo, aún cuando signifique que me salgan terribles las facturas. Ha sido suficiente tomar tu mano cuando te sientes mal y darte calor cuando tiritas de frío. Ha sido suficiente que estés escuchando siempre toda mi maledicencia, dándome consejos que no práctico y palabras de ánimo que no me gusta escuchar pero que en el fondo me gustan. Dirás que soy ególatra, me parece estarte escuchando ahora mismo. Ha sido suficiente tu cursilería.

Quiero que entiendas esto: Sí, no me gustan las cursilerías, pero las tuyas me encantan. Me gusta que te acuerdes siempre de mí, que te esmeres en los detalles que me obsequias, créeme, es muy halagador. Pero sabes, al mismo tiempo me hace sentir mal todo lo que haces por mí. Y es que jamás podría yo corresponderte de la misma forma. Está en mí ser parco, simplón, gris. Mi ser contrasta con la persona colorida y alegre que eres. Y es por eso que atesoro tus obsequios, y los guardo con cariño. Porque representan esa luz que no quiero en mí pero que me hace tanta falta. Esa luz que sólo puede emanar de ti. Gracias por estar a mi lado a pesar de lo caótico que soy.

El punto es que no somos novios, y sin embargo me haces feliz. Los novios se casan y luego se divorcian, o se dejan o en el peor de los casos se soportan a penas el resto de sus vidas. Pero tú y yo, que simplemente nos etiquetamos como amigos (por mera formalidad ya que no podría precisar exactamente qué somos) llévamos a la práctica ese amor del que hablan los poemas románticos y las novelitas rosas. Sonrío. ¿Y si ese es al amor verdadero? ¿Y si eso es lo que realmente significa ser felices por siempre?

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Es muy triste saber que los niños de esta época no saben mirar corderitos dentro de cajas de cartón. Ni siquiera miran sombreros, no: ellos miran al gigantesco elefante siendo triturado por la enorme serpiente. Son niños oscuros que nacen sin inocencia, quizá por una cuestión evolutiva que los moldea ante el salvajismo de la sociedad actual. A mí todavía me tocó elegir quién quería ser. Pero ellos no tuvieron esa oportunidad. Ellos simplemente nacieron con las emociones ahogadas, los sentimientos cauterizados y la ideología torcida. No hay duda, este mundo se está yendo a la mierda.

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Digo que la gente mal entiende el cogito ergo sum, porque lo aplican de la siguiente manera:

Pienso, luego, existo: La existencia se da pues, por el hecho de pensar. Sólo puedes considerarte Alguien después de filosofar, de plasmar ideas, de ser reconocido por alguien. El Yo, surge del pensamiento. (Existo porque pienso)

En realidad la interpretación correcta es:

Pienso, por lo tanto, existo: El pensar revela que el hombre como un ser viviente que posee la capacidad de razonar y a partir de ese punto, hacer grandes cosas. El pensamiento surge del Yo. (Pienso porque existo).

Tan sólo quería aclarar ese punto.

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