Ser un Muppet

Wow! Fue realmente emocionante descubrir como tras una decáda fuera del mundo de la farándula, muchas personas respondieron al llamado y se aprestaron a mirar la película de los Muppets. La sala estaba a reventar y eso que era la función nocturna que concluía a las once de la noche. Niños con sus papás. Niños solos. Jóvenes solos. Jóvenes con sus novias. Y adultos jovenes como yo. Todos, con una expectación más o menos disimulada que un poco más tarde se desató en la oscuridad de la proyección.

Realmente me quedé pensando. Los Muppets son personajes creados para niños en edad preescolar,  así que muchos reniegan de ellos al considerárlos estúpidos, simplónes y demasiado infantiles. Pero creo que la mayoría, como yo, no pudo resistirse al poder de la nostalgia de esos años de inocencia arrastrados por el viento y que no volverán jamás. Otros, aguijoneados por la curiosidad, asistieron para descubrir una antiquísima leyenda empolvada a la que la modernidad relegó a una historia casi olvidada. Y es que este tipo de películas significan un respiro verdadero en medio del caótico entretenimiento que consumimos a diario. Los niños, las “esponjas sociales” se hallan aclimatados a espectáculos de violencia, de insinuaciones sexuales, de total irrespeto. A los niños ya no se les convence con animalitos cantarinos ni el clásico felices por siempre. No. Los niños de ahora son oscuros. Consumen oscuridad. Procesan oscuridad. Emiten oscuridad.

Pero Los Muppets ofrecen algo distinto. Ofrecen entretenimiento a la Old School, con canciones pegajosas, coreografías tontas pero elaboradas y muchos muchisímos mensajes positivos. Al principio odié la película y quise salir corriendo. Pero con el paso de los minutos la musiquilla fue impregnándome el cerebro, colapsando mis defensas y transmitiéndo por todo mi cuerpo un muy buen humor. Entonces, llegó el momento de los reencuentros: El oso Fozzie y su Waca Waca (no el de Shakira), Gonzo y sus frustradas ansias de volar (¡ah! los muppets babies de mi infancia) y la gruñona Miss Piggy, eterna enamorada de Kermit (o René en hispanoamérica), todos, juntos de nuevo, despertándo, alegrándo y emocionándo a mi niñito interior que saltaba de contento. De bo admitir que mi agrado fue tanto que en ciertos momentos se me formó un nudo en la garganta y mi ojo derecho lagrimeó de melancolía…

Aunque no todo fue miel sobre hojuelas  pues, los años y las malas experiencias cuentan. Aunados a las carcajadas sinceras de los espectadores, mi acompañante no dejaba de suspirar por Jason Segel mientras yo me sonrojaba en silencio recordándo el desnudo que hizo para aquella película de comedia romántica. Inolvidable la expresión coral que emitió una sorprendida sala al ver aparecer Jim Parsons como el alter ego humano de Walter, quien fue acompañado por Black Jack (pobre secuestrado) Selena Gómez, Whoopie Goldberg y otras celebridades que no reconocí o que francamente no me acuerdo. Hilarante también el caso del reprimido Animal que añoraba tocar los platillos sin  atreverse a hacerlo mientras yo recordaba la magnifíca versión que las marionetas hicieron de Bohemian Rhapsody.

Es increíble lo que unos personajes de felpa y unas manos privilegiadas pueden hacer. Y dejénme decirles que, los que crean que esta es una película para niños que no vale la pena ver, les digo que no es cierto.  En cierto momento crucial, los protagónistas se preguntan ¿Eres un hombre o un muppet? Pues yo prefiero ser un Muppet. Y creo que todos los que han asistido a la función y han sabido aprovecharla, lo han sido aunque sea por un par de horas ( o días que es mi caso). Los muñequitos te dejan la impresión de que aún hay luz e nuestro interior, que todo es posible de lograr, que aún hay esperanza para nuestro caótico mundo, que no hya nada más poderosa que una unidad cimentada en la tolerancia, la amistad, el amor y sobre todo, el perdón. Sí, se que sonará cursi, pero quiero decir que estas lecciones te llegan al alma y se quedan grabadas sin necesidad que las odies, pues no es un invento del siglo XXI para lavar cerebros. No. Toda esa armonía e inocencia es parte de los personajes, es intrínseco, nada artificial y sobre todo, es parte de nuestro pasado, de esa niñez olvidada cuando todo era más sencillo, cuando la mayoría no tenía preocupaciones, ni prejuicios ni oscuridad, cuando eran realmente felices.

Sé que Disney y Jason Segel sólo pretenden ganar dinero y vaya que lo están lográndo. Aún cuando no lográ desbancar a Breaking Down, The Muppets Movie lo estpa haciéndo muy bien, dándole un valioso regalo a todas las generaciones que se reúnen sin chistar por una misma película. Y para ser un efecto colateral, es bastante excelente, como su curiosa canción:

Sí. Yo quiero ser un Muppet.

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