Diagnóstico desconocido…

Los dias de zozobra terminaron. O al menos así parece. Tras semanas de elucubraciones, finalmente reuní todos los análisis habidos y por haber y me fui a mi cita con el doctor. Mis hormonas estaban normales, excepto por la dopamina, que estaba por las nubes. Una amiga enfermera me comentó que no comprendía mi permanente y aciago estado de ánimo siendo que mi cuerpo desbordaba de la feliz hormonita… El asunto es que los altos valores eran irrelevantes en relación con la presión arterial. Mis riñones también están funcionando a la perfección, así que se desestimó cualquier problema renal. Finalmente, el doctor me dijo que mi presión alta era la denominada hipertensión escencial, es decir aquella cuyas causas no son identificables, por lo tanto no es curable, tan sólo controlable.

El problema está en que la vida hasta entonces conocida, ha de cambiar radicalmente. Debo bajar de peso, 16 kilos, lo cual implica dejar de comer lo que me gusta (galletas, panes, frituras) y hacer mucho ejercicio. Si fueran caminatas, lo de ejercitarme no resultaría un problema, pero quieren obligarme a hacer natación, cosa que me resulta insoportable. Tampoco comeré, en mucho tiempo cosas fritas. De ahora en adelante mis menús estarán saturados de chayote, calabacitas, y muchos caldos asquerosos. Odio los caldos.

Al menos ayer, me di mi último atracón. Por la mañana comí enchiladas. Seis, en vez de las siete que sualmente me trago. Luego fui  al cine para atascarme con nachos y refresco. Luego me tomé un frappe. Más tarde e inesperadamente me invitaron a una reunión de cumpleaños y me atraganté de pastel, spaghetti y sandwichón, una comida con mucha grasa.  También bebí coca cola. Por cierto, anoche fue una mala noche. Resulta que vi Actividad Paranormel 3, una película muy lenta que sólo tiene emoción en los últimos quince minutos. Lo malo es que es de acción retardada porque los sustos te los llevas mucho después. Por ejemplo anoche escuché voces que mentaban mi nombre o veía siluetas malignas en la oscuridad. En fin. Ya lo he superado.

Lo que no voy a superar, y creo terminará matándome, es el acoso de mi madre que se ha tomado lo de la hipertensión muy en serio y se ha convertido en una especie de Sumo Inquisidor. Sólo el tiempo dirá en que terminará todo esto.

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