Noche de brujas

Dirán que soy malinchista, pero prefiero el Halloween que el Día de muertos.

Considero que el día de muertos, celebrado el 2 de noviembre, tiene una fuerte connotación religiosa, llena de misticismo, de reverencia, del peso de todos esos años de tradición, ese dejo de nostalgia por los que se han ido. El aire se llena de rezos, de murmullos y plegarias sagrados, de lágrimas reprimidas, de melancolía. Y todas estas emociones impregnan el aire frío de noviembre, convirtiéndo las noches en una experiencia mistíca, incluso para aquellos que permanecemos a un lado de la inmortalidad del alma. Es la noche en que las consejas de las viejas cobran vida.

El Halloween, por el contrario, a pesar de que en sus orígenes tenían la misma intención que la tradición mexicana, terminó por degenerarse en una celebración orgíastica y multicolor, dónde la boca del Infierno se abre para liberar, aunque sea por unas cuantas horas, a los demonios, brujas y monstruos que durante la mayor parte del año viven en el inconsciente humano. La noche de brujas es esa noche dónde el terror se palpa en el aire, dónde el miedo es una experiencia buena, una necesidad morbosa que busca ser satisfecha, saciada, desbordada. Es la noche de las pasiones enfermizas, es noche de sangre, muerte y resurrección. Es la noche en Michael Myers continúa su cruzada para asesinar a su hermana. Es la noche en que Jack ronda la tierra. Es la noche del dulce o truco. Es Halloween.

Puede sentirse que la noche del 31 de octubre es diferente. y es que en esta noche, El Mal, llámese Diablo o Satanás, encuentra sus horas de culto, de adoración consciente e inconsciente que lo satisface, que lo revitaliza, que lo motiva a pasearse a sus anchas. Éste es pues su día. Su malignidad puede percibirse por cada uno de los sentidos. Es la noche de los sustos. ¿A quién no le gusta pasar la noche entera escuchando esos cuentos de terror que ahuyentan el sueño? ¿Quién no ha visto sombras espectrales pasearse en la oscuridad, en la sombras, como si lo acosaran a uno, como si esperaran el momento perfecto para atacarnos? ¿No es la noche en que el más minímo susurro parece amenazante?

Desde que me uní a la Iglesia Adventista, mis noches de brujas son bastante diferentes. Es la noche en que se visita el panteón, para dejar sobre las tumbas literaruta denominacional y mensajes de esperanza. Pero los que vamos, vamos por otros motivos. Vamos con la expectativa de enfrentarnos a lo desconocido, a la presencia aborrecible del Engañador, a quien tentamos sabiendo que nuestro atrevimiento puede costarnos la vida.

Es la noche de películas de terror. Puede que no me disfrace ni asista a fiestas, pero disfruto de esta noche a mi manera. Prefiero el Halloween pero es innegable que en estas latitudes geográficas, lo que da vida y fuerza a la noche, son todas aquellas ánimas de los difuntos, los grandes y los chicos, que dejan las frías y penumbrosas cavidades del Hades, para visitar y atormentar a sus seres queridos.

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Un pensamiento en “Noche de brujas

  1. En mi pais existe una tradicion que es la de la noche de las animas, en la que sale a pasear la Santa compaña. Digamos que ante eso esta modernez del Halloween, es una patochada. Saludos

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