Día de la paz, hipocresía everywhere…

Si no es porque bombardearon las redes sociales con el tema, no me entero que hoy está marcado como el día la paz. Por lo visto la gente está empeñada en joderme el hígado con sus cada vez más estúpidas ideas, como salir vestidos de blanco. Es sorprendente como la estúpidez es contagiosa incluso en la gente preparada.

Lo siguiente que voy a exponer parte de las impresiones que me quedan tras haber leído Los mil y un velorios, crónica de la nota roja en México por Carlos Monsivaís. Tal vez muchos consideren que lo mal interpreté y entonces les pido disculpas. Está bien no, no les pido disculpas, pero como dirían por ahí, todas las opiniones son muy loables…

Veo el día de la Paz, al menos en México, como una distracción elaborada por el gobierno, promovida por la burguesía e imitada por los pobres, cuyo objetivo es producir la falsa noción de que se está haciendo algo por mejorar la situación de violencia y muerte que asola nuestra nación. Muchas personas son convocadas a vestir de blanco, color elegido para simbolizar ese estado de equilibrio y estabilidad carente de conflicto que es la paz. ¿Qué se pretende lograr con esto, me pregunto yo? ¿Ayuda esto en algo? Psicológicamente considero que sí. De alguna forma esa maraña de buenas intenciones para construir un mejor México que pulula en los aires el día de hoy tranquiliza a quien se atreve a creer en esas cosas. Le da pues, una falsa sensación de seguridad y al mismo tiempo genera una satisfaccion al creer que ya se ha puesto un granito de arena. Creo que sobra decir que ese virtual granito de arena es precisamente eso, virtual porque no impedirá que los asesinos asesinen.  No hará que el gobierno haga su trabajo. El día de mañana, cuando el entusiasmo por el día de la paz haya desaparecido, todos volverán a ese estado alterado dominado por el miedo y la incertidumbre.

El hombre, desde siempre, ha sido esclavo de la superstición y el mito. Y desde el siglo pasado los mexicanos aprendieron, por la fuerza, a convivir con el crimen, desde los asesinatos de poca monta hasta las masacres que se ven todos los días en cualquier rincón del territorio. La cotidianidad, aunada a un pueblo fanático de las supercherías, convirtieron el crimen en una especie de realismo mágico, donde la verdad de los hechos termina siendo adornada por detalles procedentes del imaginario popular, por deformaciones de lo verídico al estilo del teléfono descompuesto, por la maldita costumbre de la gente a poner siempre de su cosecha. Así, aspectos como el narcotráfico y lo que éste conlleva se convierte en una especie de mito lejano, algo que existe pero que a la vez pertenece a un mundo distinto del espectador, que finalmente sólo percibe las débiles ondas de choque producidas a kilometros de distancia. Así estabamos acostumbrados.

Tristemente, a partir del 2006 el mexicano ha debido despertar crudamente a la realidad, pues de pronto los descabezados o balaceados ya no eran parientes lejanos del primo de la cuñada de un amigo. No, ahora la muerte ronda a cualquier hijo de vecino, ya sea de los buenos o de los malos. El crimen saltó pues, la barrera de lo folclórico para pocisionarse como una entidad de veracidad irrefutable, que lástima, que mata. Se reveló pues, como una amenaza latente para el orden público hasta entonces conocido. Y aún entonces, el mexicano desoyó la advertencia del peligro. Si antes se hablaba de narco corridos, himnos que narraban las hazañas de los jefes; o películas como las de los hermanos Almada, ahora se habla de telenovelas y series como La Reina del Sur, El Cártel de los Sapos, Mujeres asesinas, productos que son consumidos con ávidez por el público mexicano. Y ni hablar de los seriales como CSI, Law and Order y Criminal Minds, escuelas de maldad que enseñan lo que debe y no debe hacerse en un acto ilegal.

Lo anterior se conoce como Apología del délito, la exaltación del crimen y la persona que lo comete y cuya consecuencia podría degenerar en la imitación de la conducta negativa. Así, muchas de las personas que hoy en día pregonan su repudio contra los asesinatos, levantones, secuestros y ejecuciones son en su mayoría fanáticos número uno del género del crimen, lectores insaciables de la nota roja dónde con pelos y señales te relatan cuan truculento fue el modo de operar de tal o cual criminal. Hipocrítas es lo que son. Si en verdad repudiaran el delito no consumieran los productos que de él salen.

Muchos dicen que el aumento de la delincuencia se debe a las condicioens cada vez más precarias de la gente pobre. Yo creo que en realidad el motivo es y será siempre la maldad intrínseca del ser humano. Claro, hay diversos factores que se conjugan para despertarla y sacarla a flote, y quizá la marginalidad es uno de ellos, pero aún así, no todos los pobres son malos, ni todos los ricos son decentes. El factor que une ambos mundos en el mismo objetivo de transgredir las leyes, es la ausencia de valores. Si a un individuo, desde pequeño, sea rico o pobre, no se le enseña a respetar el derecho ajeno en sus múltiples vertientes, es fácil augurar que a la larga, este individuo esté acostumbrado a pasar sobre la dignidad de los demás. Y es que la educación de los individuos, no la de las escuelas si no las de las casas, va de mal en peor. Los padres, por consejos de los psícologos ya no castigan a sus hijos así sean estos unos verdaderos demonios. No, ahora todo lo quieren arreglar con palabritas, incluso en las situaciones que a leguas se ve ameritan un coscorrón o una nalguiza. Los niños hacen lo que quieren: lloran, gritan, patalean, ofenden. Los adúltos se hacen los desentendidos y cuando mucho nada más amenazan con un castigo que nunca llegará. ¿Cual es la lección que aprenden los chamacos? La impunidad.

Hipocrita aquel que este día se vista de blanco. No es hora de simbolizar una madre, es tiempo de actuar, pues no puedes combatir una amenaza real con armas sacadas de quein sabe que perversa mente que ahora mismo se ríe de los ilusos, a sus espaldas. Y el comienzo no está en una ropa blanca o en una marcha, sino en una revolución de la familia, que críe individuos con valores, con sentimientos, con un sentido del respeto y la decencia. Marchen todo lo que quieran… tal vez un día se den cuenta de lo imbéciles que han sido…

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