¿Telenovelas de culto?

El término telenovelas de culto lo encontré hace unos días en un site “especializado” en temáticas de este tipo. Debo decir que me sorprendió, puesto que el adjetivo sólo lo había conocido aplicado a películas, lo que me puso a pensar si en el genéro de los culebrones también podríamos hallar material de este tipo.

Para empezar ¿qué demonios significa de culto? Este término hace referencia a todas aquellas obras del séptimo arte que al ser exhibidas resultan incomprendidas e ignoradas por el público, generalmente por tocar temas poco convencionales o incómodos, así como por experimentar con recursos inaceptados por los canónes de su tiempo. Lo anterior se traduce en malas críticas por parte de los especialistas y en fracasos de taquilla; lo cual relega dichos trabajos a un olvido transitorio después del cual un nuevo público, capaz de apreciar o definir los méritos, cualidades o rasgos de contenidos en las obras, las rescata para reivindicarlas. Cabe hacer la aclaración que los rasgos mencionados no necesariamente son positivos (una película puede ser reconocida por tener una pésima dirección o guión) además de que el “nuevo público” está representado en realidad por grupos bien definidos de fanáticos. Lo que si es cierto, es que en resumidas cuentas, las películas de culto impactan de alguna manera en el mundo del cine.

Ahora bien, ¿es justo aplicar este término al pintoresco mundo de las telenovelas? Tenemos que en sus orígenes, la telenovela pone sus bases en la historia de La Cenicienta, la mujer pobre victíma de la maldad que debe superar la adversidad de sus circunstancias para alcanzar la felicidad eterna a lado de su príncipe azul. Con el paso del tiempo, a este concepto se le fueron agregando mil y un accesorios argumentales cuyo objetivo es hacer olvidar al espectador que tiene ante sí la misma historia de siempre, sólo que adornada con aberraciones absurdas que no hacen sino embrutecer al espectador. Y es que en la televisión, lo que importa son los ratings, así que sin importar cuan tonta o estúpida sea una trama, si al público le gusta, entonces explotan el recurso hasta la saciedad. Tenemos entonces que la calidad termina por decaer y lo “novedoso” se trastoca tarde o temprano en monótono. Y lo curioso es que a la gente que mira ese tipo de programas es lo último que le importa. Están tan acostumbrados a digerir todo lo que les ofrecen, que son incapaces de exigir algo mejor.

No obstante lo anterior, de vez en cuando surgen propuestas interesantes en el genéro del melodrama. Sin embargo, son estas telenovelas apuestas arriesgadas que la mayor de la veces terminan en fracaso, pues en su intento por romper esquemas, se olvidan que lo importante es la opinión del público, quien finalmente les da la espalda por el sólo hecho de que el sabor que degustan no es a lo que están acostumbrados. Por ejemplo, muchas de las telenovelas de los años 90 tuvieron poco éxito en su transmisión original, pero ahora que son retransmitidas gozan de aceptación y buenas críticas en foros y webs dedicadas a compartir ese tipo de información. De mi experiencia les pongo algunos ejemplos:

La Sombra del Otro. Estelarizada por Edith Gonzáles y Rafael Rojas, ya en su pareja protagónica tenía una combinación poco común. La propuesta de su trama fue también bastante arriesgada. Para empezar, no era una telenovela rosa, sino una historia de suspenso bastante macabra que no presentaba a la típica buena tonta y abnegada, sino a una mujer moderna y liberada acechada por un psiquiatra psicopata cuyas especialidades era la manipulación mental y los incendios “accidentales”. Tocaba además temas como el alcoholismo, misoginia, la esquizofrenia, la celopatía y la bulimia. La atmósfera era bastante oscura y la música incidental acentúaba este rasgo. Considero que el público mogijato de 1996 no la aceptó por dos razones: porque pretendió que como novela era demasiado sombría y porque a la Gonzales no la podían ver en otro rol que no fuera Santa Mónica. La repitieron (creo que por primera vez) este año y el público no dejaba de echarle flores. Y no es para menos, era una historia bien contada, con excelentes actuaciones. Sin duda un experimento al que el tiempo le dio la razón.

Alguna vez tendremos alas: Con Kate del Castillo y Humberto Zurita. De ésta oí hablar al menos un poco en su tiempo, pero fue una novela más a la que el público pronto olvidó. Muchos podrán decir que es la historia de Cenicienta otra vez y tienen razón. Pero ahora esta sazonada con ingredientes diferentes que la acercan más a la realidad de las miles de personas que viven en México: machismo, pobreza, delincuencia, abuso psicológico, anhelos de superación. La protagonista en mansa pero no mensa y se defiende. El protagonista es también un anti heroe cubierto de vicios, aunque en el fondo es virtuoso. No se trata más de estereotipos, sino de personajes con relieve, con alma. Además, la trama se compone de subtramas que fluyen paralelamente hasta que coincíden en un mismo punto a su debido tiempo. Aquí no hay exceso de melcocha. Florinda Meza dio espacio para la comedia, para el suspenso y para la buena música. A uno se le da la oportunidad de analizar lo que está pasando. Más que un simple espectador, los productores lo ven a uno como un ser pensante. Da gusto ver esta telenovela.

Cuna de lobos. La novela por excelencia, se ha consagrado a través del tiempo como un éxito querido por la mayor parte de todos aquellos que la ven. La coloco aquí a causa de sus infortunados comienzos, pues los directivos la consideraban una telenovela del montón que iba a pasar sin pena ni gloria. Todos sabemos en que terminó la historia: Cuna de lobos triunfó en el mundo y Catalina Creel se convirtió en el modelo, la madre de todas las villanas. Una vez más la historia de amor es desplazada por el suspenso y el thriller policíaco. Y es que aquí, la verdadera protagonista fue la psicópata del parche. Música memorable. Dialogos memorables. Asesinatos memorables. Escena final memorable: Nada de beso y apapacho, sino un final abierto y desconcertante.

El extraño retorno de Diana Salazar y El Maleficio. Que argumentos tan extraños se le ocurrían a Ernesto Alonso: Magia negra, pactos con el diablo, reencarnaciones, la santa inquisición, poderes sobrenaturales. Sin duda experimentos televisivos que cosecharon sus frutos y aún hoy son ampliamente recordados. En su tiempo, fueron pioneras, pero ahora, el tema de lo oculto es cada día una parte fundamental de muchas historias. Quizá en México sólo Emilio Larrosa se atrave a poner dichos temas fuera de contexto en sus novelas, pero en Brazil, por ejemplo, son parte  fundamental. ¿Han visto Sie7e pecados? Es una novela divertidísima que versa de la lucha entre ángeles y demonios por el alma de una mujer…

Sé que hay muchas otras telenovelas que también vale la pena ver, pero no las he visto todas, además de que esta apreciación es muy subjetiva. Sino, tenemos el éxito de las telenovelas de Thalía, que se consagraron por sus tramas rocambolescas y sus villanas sobreactuadas. ¿Como olvidar a Soraya Montenegro?

Pues bien, creo que las telenovelas de culto existen, solo es cuestión de saber buscarlas y apreciarlas, además que se hacen necesarias como referencias obligadas para los productores de hoy en día que francamente hacen historias asquerosamente aburridas y sin chiste. Hastío en alta definición.

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3 pensamientos en “¿Telenovelas de culto?

  1. Joer, una temporada que vivi en la Habana. M enganche a una telenovela brasileña que era un desmadre total. Nada que ver con lo que habia visto antes. Trataba de un tipo que se habia muerto y se aprecia en el pueblo, como si fuera un santo. Era un perfecto jeta en realidad, pero la serie era delirante y mas por los personajes que aparecian. Tengo que buscar el nombre. Saludos

  2. Sí, ultimamente las telenovelas de sudámerica son una mejor opción en este sentido. Desgraciadamente acá en México solo podemos ver los remakes que Telemundo hace en Estados Unidos. 😦

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