Recapitulando

No recuerdo cuando fue la última vez que escribí algo respecto a mi proyecto personal de bajar de peso, pero es que en realidad no ha habido nada interesante que contar. En resúmen, esto es lo que hay:

Hoy comencé mi tercera semana de caminatas. A partir del viernes pasado cambié de 40 a 60 minutos, para así dejar libre los 20 que necesita el cuerpo para entrar en calor. ¿Cambios? No lo creo, realmente. Me decidí a usar un viejo pantalón apretado para poder medir las variaciones, y ciertamente no me queda muy apretado, pero creo que es una situación psicológica. Mis pechos siguen pareciendo de silicon y mi prominente barriga con trabajos me permite ver la punta del pene. En pocas palabras, sigo estando gordo. Aclaro, no es que yo esté esperando milagros, pero la otra vez, sin intención, bajé de peso más rápido caminando por necesidad 20 minutos diarios, y comiendo más golosinas que ahora.

Pero no todo es tan malo. Al menos el dolor de cabeza, que yo atribuía al mal de mis ojos, ha desaparecido. Los sábados en la tarde, tras salir del sopor de la Iglesia y almorzar en mi casa, nada más bastaba echarme a dormir para sufrir la peor jaqueca de la semana. Pero este fin de semana el dolor simplemente no apareció 🙂 Mejor quito la sonrisita. Lo anterior prueba la hipótesis del doctor respecto a que yo sufría presión alta. No le había querido creer porque  a parte del dolor de cabeza estaba yo a las mil maravillas. Pero los doctores no se quivocan. Tampoco me siento más ágil. De hecho, subir escaleras aún me pone a jadear y hay días en que las piernas me duelen terriblemente que solo quiero ponerme a dormir.. Pero creo que confiaré en ciertas predicciones que dictan que los cambios empiezan a  notarse después de la cuarta semana.

También probé una nueva ruta: Al minuto 18, en vez de torcer hacia la derecha me seguí todo recto. Pero no me gustó. El camino me llevó directo a las puertas del administrativo de PEMEX, donde los ingenieros se reúnen a desayunar sus fritangas, cuyo olor me torturó de ida y de vuelta pues realmente, cuando uno no ha desayunado cuesta trabajo concentrarse en estar saludable 😦

Al menos ahora me levanto quince minutos más temprano: salgo de mi casa 7:15. Debo aprovechar que los huracanes nos han pasado de soslayo, porque dicen que en Octubre se nos caerá el cielo encima y el caos de las inundaciones me evitará salir a caminar. Creo que si la cosa se pone así, como plan B, voy a echar mano de la bicicleta fija.

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