El Rey León, 17 años después

Mi niño interno puede resultar realmente fastidioso: desde que se enteró que El Rey León se reestrenaba en cines el 12 de agosto, día de mi cumpleaños, no me dejó en paz ni un sólo momento.Claro está, no puedo culparlo.

Verán, tenía yo seis años cuando un sábado en la tarde mis papás me llevaron a ver esta película al ahora extinto cinema Galán. Recién había terminado preescolar y estaba a punto de entrar a la primaria. Pese a mi corta edad, la película me resultó toda una revelación de encanto, y tanto me gustó que la vi nueve veces más en los meses subsiguientes, al grado que llegué a aprenderla de memoria. El tiempo pasó. La película se consagró como un éxito de critíca y taquilla y su fan número uno creció para olvidarla. En 2004, en el décimo aniversario lanzaron una edición especial en DVD, pero el adolescente no le prestó atención. No obstante, ahora que se cumplieron 17 años desde que la vi por primera vez, la nostalgia me golpeó de lleno, y el niño de seis años irrumpió desde el inconsciente para torturarme con los recuerdos de tiempos más felices que me hicieron añorar con desesperación esta película. Así pues, fui a ver la peli el domingo pasado. Fue toda una experiencia.

Para empezar, fui a la matiné, que es cuando más niños hay en el cine. Luego, si añadimos el hecho que la mayoría de los mocosos no tenían más allá de seis años, sabrán lo surreal que me sentía yo , un hombre de veintitantos comprando boletos para una película de Disney. Además fui solo, porque mi compañera de aventuras estaba enferma. Pero no me importó cuan raro me viera. Aunque nadie más pudiera verlo, llevaba yo a un niño consentido que quería ver esa película. El niño quiso los nachos de siempre y una coca cola mediana y luego con gran satisfacción tomó sus lentes 3D y se arrellanó a mitad de la sala, con gran expectación. No debo dejar de describir la emoción que sentí al ver la primera escena, con el canto africano animando el amanecer  en el serengeti así como el peregrinar de los animales hacia la roca del rey. La piel se me puso de gallina y mis ojos se humedecieron de excitación. Desee tener a mis papás a lado en ese momento. Fue agradable reencontrarme con Simba, Mufasa, Scar, las hienas, Timón y Pumba, todos ellos viejos amigos a lso que no veía hacía mucho tiempo…

Sin embargo, pronto el adulto dentro de mí rompió el hechizo del momento. Fui incapaz de admirar el film con inocentes ojos de niño. La razón se antepuso ante todo y entonces reconocí a Shakespeare y su Hamlet. Luego, me saqué de onda con el Mufasa maquiavélico que se comía a sus súbditos considerando que estos estaban predestinados a ello como parte del Círculo de la Vida. ¿Qué esos animales no habían celebrado el nacimiento de su verdugo con sincera alegría? Me pasé gran parte del tiempo pensando en lo contradictorio del asunto. Luego, vino el crimen, el asesinato de Mufasa, considerada una de las secuencias más tristes en la historia del cine. Pero no lloré al ver a Simba intentando reanimar el cadáver de su padre. Fui incapaz de conmoverme. El niño cantó alegremente Hakuna Matata con una voz casi audible. El adulto espetó que no se podía vivir sin preocupaciones y desestimó el optimismo de Timón y Pumba. El niño observó con curiosidad la secuencia de Can you feel the love tonight. El adulto lloró por sus trágicos amores no correspondidos al tiempo que esperaba ver la mitíca palabra Sexo oculta en la nube de polvo. También se dio cuenta de la cantidad de espiritismo que se maneja en la cinta animada. ¿Qué dirían los cristianos al respecto?

Debo admitir que la experiencia no resultó lo que yo esperé que sería. Al abandonar la sala el niño feliz poco a poco se quedó dormido. El adulto que odia los finales felices salió ensimismado reflexionando sobre su propia experiencia. Contradicciones.  No sé que pensar. ¿Es mejor ser inocente como un niño o ser razonable como un adulto? Fui más feliz hace 17 años que ahora, eso es cierto. Quedó demostrado en esa función de cine. Ahora estoy tan cargado de malicia y prejuicios que hasta lo encantador termina corrompido. Pero lo más inquietante es que el niño ya no duerme profundamente. Ahora se despierta de vez en cuando y lentamente me va empujando hacia los próximos estrenos por venir: Top Cat y los Muppets! Sí, se que puede sonar horrible. Pero es que últimamente he tenido esa ansia de vivir el pasado, mi niñez. Y tal parece que esos personajes son el único medio para lograrlo. 🙂

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