El accidente más allá del puente…

Ayer no salí a caminar porque llovió. Mi madre increpó mi debilidad y no hubo forma de convencerla que hubiera sido peor enfermarme de la garganta. Hoy amaneció más descampado, igual de nublado pero con menos frío. Me levanté a las 7:20 y temiéndo que hubiera más gente deambulándo por mi ruta, decidí tomar una trayectoria diferente. Me encaminé hacia el puente por que dicen que las cuestas arriba son muy efectivas en el ejercicio, además de que me gusta contemplar nuestro inmenso río carrizal que en unas semanas más nos tendrá con el alma en hilo por las inundaciones.

No me gusta andar dos veces por el mismo camino, así que, a riesgo de que un desgraciado trailer  me destripara, crucé al extremo izquierdo del périferico para iniciar mi caminata. Efectivamente, hubo poca gente hacia ese lado, completamente desconocida,  además de que corría una brisa fresquecilla que ascendía del río cuyas aguas turbulentas se arremolinaban debajo del enorme arco que conecta la capital con el municipio de Nacajuca. El paseo me resultó agradable, hasta que al llegar a la cima del puente y mirar hacia el otro lado pude atisbar el clásico parpadeo rojo y azul de las patrullas de tránsito. Los carros involucrados en el accidente estaban dispuestos cada uno en una vía contraria, así que resultaba difícil saber que había ocurrido, aunque con mucha imaginación logré hacer el siguiente supuesto. El carro azul que iba en dirección Tabasco 2000- Centro quizá dar una ” vuelta en U” en el punto dónde el termina el puente. Aunque no está explícitamente prohibido, hacer eso es un arriesgue porque te quedas atravesado en un carril de velocidad moderada mientras espera el momento exacto para colocarte en el carril contrario. Pues el carrito azul quizá quiso ganarle al carro rojo, que venía correctamente en su camino, y que no pudo frenar a tiempo, dándose el consabido percance. No hubo lesionados, pero una colegiala ya no llegó a su clase. Como no me gusta el chisme, seguí mi camino apenas curioseando el siniestro, que dejó piezas destrozadas por todos lados. Más adelante hube de pasarme al extremo derecho porque había una insoportable pestilencia a defecaciones caninas…

Cuando regresé había dos patrullas de tránsito (qué exagerados) más una ambulancia vacía. Los carros habían sido movidos una vez más, pues ya estaban orillados en un  lugar  menos transitado. Los conductores y los agentes de tránsito seguíaan discutiendo para determinar quien era el culpable. Me sorprendió que a pesar de las medidas tomadas por los agentes, hubiera embotellamiento, pero ¿qué quieres que haga la gente y su malsana curiosidad? Todo mundo bajaba la velocidad para saber que había ocurrido, arriesgándose a provocar otro accidente similar… Yo seguí mi camino. En totalcaminé 40 minutos, siete menos que el primer día. El desayuno consistió en Hot Cakes (vaya dieta), tres vasos de agua pura y una manzana, que según he leído tiene muchas virtudes. Me duelen ambos pies y tengo mucho sueño 😦

A ver cuanto tiempo más resisto.

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