Shakira, una noche en Villahermosa!

La noticia de que Shakira venía a Tabasco comenzó a mediados de marzo como un rumor que se filtró a los principales diarios del estado, y que tras muchos dimes y diretes entre dos empresas organizadoras terminó por convertirse en una realidad. Debo decir que aquello me emocionó bastante, pues la cantante siempre que visitaba México, recorría únicamente la capital y los estados aledaños a esta, en el norte, así que el hecho de que visitara el sureste fue un hecho sin precedentes. Consciente entonces de que tal vez esta oportunidad no volviera a presentarse nunca más, decidí comprar mi boleto en la zona platino. Muchos de mis familiares (mi padre incluido), protestaron por el elevado costo de la entrada, pero yo me hice oídos sordos. Después de todo, la mayor parte de lo que pagué fue con el fruto de mi trabajo y otro tanto como regalod e cumpleaños por parte de mi madre. Además, puede decirse que Shakira es la única artista de la que soy un verdadero fanático, pues no le he perdido la pista a su trabajo desde que la conocí hace diez años, cuando sacó a la venta su disco Laundry Service, que en mi opinión, es uno de los mejores.

Pues bien, tras un mes de zozobra por todo lo malo que pudiera ocurrir, llegó por fin la noche del 19, así que me dirigí hacia el Parque Tabasco, el espacio más amplio en la ciudad, donde se realizó el concierto. Sin embargo, para mi caso, este pequeño placer al parecer estuvo maldito desde el principio. Primero, se corrían rumores de que Shakira estaba enferma, posiblemente embarazada y las noticias clamaban que en ciudades europeas había incluso cancelado conciertos o dejados a la mitad. Segundo, la semana fue bastante lluviosa, con tormentas eléctricas y vientos fortísimos que, según los meteorologos, podían presentarse la noche del concierto. Tercero, me dio una alergia letal ese mismo día, provocandóme el consabido dolor de cara que nada más no me dejaba existir. Pues bien, afortunadamente, las cosas empezaron a desenredarse poco a poco, aunque no tanto como para que yo me pusiera optimista.

El 17 anunciaron que Shakira ya estaba en Villahermosa hospedada en un hotel de lujo. Llegaba de Cancún y Merida, dónde los fans no habían quedado nada contentos, tanto por problemas de logistíca como por el desempeño de la cantante, a la que acusaron de utilizar playback. Esto era ya un foco rojo de que tal vez iba a terminar la noche exigiéndo la de devolución de mi dinero.

El 18 fue un día soleado e incluso el 19 no hubo ni un asomo de nubes por la mañana, pero las cosas se complicaron alrededor de las siete p.m. cuando el cielo se oscureció de pronto y una llovizna fría, sazonada con relámpagos bañó la ciudad rápidamente. Yo, aunque me había tomado mis pastillas, aún tenía la nariz sensible y la cara incómoda, pero aún así me bañé, me alisté y salí para el Parque Tabasco. La lluvia tiene el don de enloquecer a los villahermosinos, y si a eso le sumamos que el acceso al parque es también la ruta de todos los días para los que viven fuera de la ciudad, ya se imaginarán el espantoso cuello de botella que se armó. Afortundamente, logré entrar sin muchos problemas y por coincidencias del destino, justo estaban abriendo un nuevo estacionamiento puesto que los primeros ya se habían rebasado su capacidad. Me estacioné sin problemas, aunque el lugar era casi un enorme charco de agua.

Entrar al evento fue otro lío.  Hube de sortear a los patéticos vendedores de plátanitos y cacahuates que nunca faltan así como a los vendedores de impermables y bolsas de plástico anti-lluvia. Miles de fanáticos furiosos que habían esperado durante horas (gente sin que hacer) se arremolinaban contras las puertas  mientras los de logistíca luchaban por imponer el orden. Los diamante entraban por una puerta especial de un camino pavimentado, mientras el resto tuvimos que atravesar un lodazal a oscuras en las que si no tenías cuidado acababas de bruces en el suelo. Por suerte, hubo un poquito más de orden que en Cancún y se nos distribuyó de acuerdo a la zona que habíamos comprado, además de que una edecan nos ayudaba a encontrar el asiento.

Para alcanzar mi silla creo que patié a varias personas sin sentido del humor y esto hizo que olvidara el hecho de el lugar estaba mojado, así que me senté en el agua. Sequé la silla con mi abrigo y dado que iba solo (ni loco le pagaba el boleto a un acompañante) me dediqué a jugar con mi celular por cincuenta minutos. A mi lado había una parejita de amigos locochones que no paraban de parlotear.

Debo destacar el hecho de que la lluvia le dio una tregua a Shakira, pues aunque goteó un poco, finalmente los relámpagos se dispersaron alrededor del lugar e incluso parecía como si las nubes evitaran tocar el punto dónde se encontraba el escenario, pues había un claro justo encima de nosotros.

A las nueve cuarenta, las luces se apagaron y Shakira apareció por fin, en el escenario. Iba ataviada con una especie de saco dorado y ajustados pantalones negros. Inició el recital con una canción no muy conocida (creo que Pienso en Tí), y de ahí no paró de dar muestras de su talento: se quedó en brasier, bailó flamenco y danzas arabes, amenizó con violín, armónica y su guitarra eléctrica, declaró que se entrgaba por completo a nosotros, blah, blah, blah (dice los mismo en casa ciudad a la que va). En fin, se mostró simpática con el público, invitó a una chicas a imitar su movimiento de caderas, regalos flores, etc. Un punto que me gustó bastante fue el hecho de que no se estancó en sus producciones más recientes, sino que nos deleitó con canciones de todas sus épocas, siendo mi favorita Inevitable, en especial por aquella parte de si es cuestión de confesar, no se preparar café, y no entiendo de fútbol…, pues creo que nunca tuvo más significado que ahora.

A los sesenta minutos, Shakira se escondió en el escenario, fingiendo que partía, hasta que finalmente su equipo de música nos instó a que el público la aclamara, y tras cinco minutos de espera, la interprete emergió de las sombras para entonar tres canciones más, culminándo con el Waka Waka, que si bien considero que es lo peor que ha hecho, al calor del público no es escuchó tan mal. Fue así que tras una lluvia multicolor, Shakira se despidió de nosotros con un hasta siempre, y entonces sí, se fue definitivamente cuarenta minutos antes de la media noche.

Yo no suelo perder la compostura porque simplemente es algo que no va conmigo, pero me permití entonar en voz alta cada una de las canciones, excepto la de la última producción a las que no les he puesto demasiado atención. Los alborotadores de a lado casi destrozaron mi oído izquierdo y las luces de los reflectores terminaron de inflamarme la retina del ojo derecho; pero creo, que al final fue una noche bien aprovechada. Es cierto, muchas personas se quejaron de que no cantó Rabiosa (quien sabe por qué diablos) aunque la escuchamos mientras iniciabamos el éxodo hacia la salida.

No sé si Shakira vuelva a poner un pie en tierras tabasqueñas, pero lo cierto es que si lo hace, no voy a repetir la experiencia. ¿Porqué? Por el mismo motivo que dejé de comprar sus discos originales. Bajar sus canciones de Ares y escucharlas mientras manejo, con los cristales cerrados y a todo volúmen, es una experiencia mucho mejor, más intima, más emocionante, más barata…

Mientras tanto, diez años después de conocerla, la vi en vivo y con eso me basta. Ya tengo un bonito recuerdo de ella, no necesito nada más.

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