Triunfos robados o el consuelo de los borregos

El día de ayer tuvo una tarde frustrante. Mi papá quería disfrutar la final de la Sub-17 en “la pantalla” y para evitar broncas lo dejé a sus anchas, salí con unos amigos, recogí a mi mamá en la oficina  y volví a mi casa alrededor de las ocho de la noche cuando el partido ya había acabado. Efectivamente, nada más entrar escuché a los comentaristas comentar con gran entusiasmo que México había ganado el torneo blah, blah, blah… que bien, me dije para mí, ahora ya puedo ocupar la televisión. Hum, nada más pulsar el botón mi mamá y mi papá se me echaron encima diciéndome entre muchas cosas, que yo era un grosero, que no le cambiara, que querían ver el festejo, que la copa ya la iban a entregar, que nada más cinco minutos, en fin, una palabrería que me fastidió. Desistí de cambiar de canal (igual no tenía nada específico que ver) y enfurecido me puse a jugar con el snaptu. El facebook y el twitter estaba pleno de felicitaciones de ¡Viva México! ¡Lo hicimos! ¡México Campéon! y cursilerías de ese estilo. Aquello me colmó el plato y tuve que publicar algo que fuera contrario a ese tipo de mamadas. Me explico.

¿Quiénes son los que sudaron la gota gorda en los entrenamientos? ¿Quienes son los que se esforzaron en el campo de juego corriendo como idiotas tras una pelota durante noventa minutos? Respuesta: los jugadores de la Sub-17.

¿Quiénes son los que adquieren fama? ¿Quiénes son los que reciben la paga? Respuesta: los jugadores de la Sub-17.

¿Quiénes son los que, gracias a su habilidad en el futbol obtienen posibilidades de ingresar en un equipo de primera división o ser adquiridos por un equipo europeo? Respuesta: los jugadores de la Sub-17.

Entonces… ¿por qué diablos decían muchos que triunfamos, ganamos, vencimos?

Un ejemplo: trabajas en un departamento creativo, les han encomendado un proyecto y mientras el resto del equipo se hace bolas con ganas de no hacer nada, tú te desvelas desarrollando el proyecto, renuncias un poco a tu vida social e incluso inviertes recursos para que todo salga a la perfección. Y al final de todo tu esfuerzo, cuando presentan el proyecto y este resulta exitoso, el resto del equipo habla de un triunfo en conjunto, cuando en realidad sólo tú decidiste esforzarte. ¿Estarías dispuesto a compartir el mérito?

Finalmente, los únicos que tienen el mérito del triunfo de la pasada noche son esos muchachitos que tuvieron la buena estrella de no nacer tan mediocres como el mexicano común, ese mexicano cuyos sentidos y emociones está controlado por las cadenas nacionales que les dicen cómo, cuándo y dónde ver los partidos y que luego bonitamente le venden la idea que el triunfo es de todos. Y si lo pensamos objetivamente, este mexicano común él único esfuerzo que hizo durante todo el partido fue critícar las estrategias y el desempeño del equipo como si él fuera un experto, como si fuera un goleador estrella, como si fuera la encarnación de Pelé, claro todo esto mientras cinícamente se atragantaba de cerveza.

Podemos clasificar a este mexicano común en diferentes estratos, lo cual intenta explicar el motivo por el cual necesita robarse los méritos y triunfos de las personas verdaderamente exitosas:

El mexicano de clase media miserable: incluye a todos aquellos hombres, solteros o casados que no tienen preparación académica y que sin embargo, desempeñan un oficio para ganarse la vida. Son aquellos engendros de familias disfuncionales donde imperó el vicio y la desatención de los padres. Se gasta el escaso dinero que gana en cerveza y cigarros, es altamente machista, tiene varias mujeres, muchos niños y considera que el futbol es la única diversión que el hombre debe ver (aunque también mira el box). Obviamente es un fracasado que festeja lo que no entiende, puesto que el hecho de que la Sub-17 gane un trofeo, no implica que su condición vaya a mejorar en absolutamente ningún aspecto.

El mexicano de clase media: Considerese a cualquiera que teniendo estudios superiores apenas gana el minímo para mantener a su familia. Puede tener alguno o todos de los vicios anteriormente descritos. Este entiende que un triunfo no mejorara ningún aspecto de su vida, pero su vida es tan monótona y difícil que necesita un empujón en su estima propia para poder sobrellevarla. Desafortunadamente el empujoncito durará muy poco, mientras el triunfo sea noticia, lo cual puede coincidir con la jaqueca propia del resacón. Y sobre todo, el triunfito no hará que pague menos impuestos, que las cosas estén más baratas, que el gobierno nos coja a diario…

Los mexicanos de las clases altas: De vida desahogada, estos tipos sólo ven el triunfo del equipo como una excusa más para emborracharse y armar orgías con sus novias. Nada más les preocupa. El caso es festejar.

Los mexicanos hijos de las clases medias: Niños o adolescentes, crecen creyendo que el futbol es lo máximo. Suelen ir a la escuela para pasarse el resto del día jugando en las canchas. Jamás entran a clases y no les importa si reprueban, si deben cambiar de escuela o si van a dejar de estudiar. Sueñan con  volverse profesionales aunque la máyoría no pasará de los clubes de aficionados. terminarán siguiendo el paso de sus padres convirtiéndo a la sociedad en un círculo vicioso.

En general, los mexicanos de todos los estratos anteriores son seres incultos que no saben leer, ni escribir, ni sacar cuentas. Son conformistas en las cuestiones realmente importantes pero están dispuestos a derramar sangre por las decisiones de un arbitro. La mayoría son incapaces de razonar y viven la vida guiados por las dispocisiones de unos cuantos que nos manejan como fichas de ajedrez.

Finalmente, yo no diría nada si el mexicano común fuera coherente. Verán, si por culpa de un mexicano nos tachan a todos de flojos, corruptos, viciosos, saltamos, nos quejamos, pegamos el grito en el cielo y renegamos del prójimo. Pero cuando ocurre el caso contrario, entonces desesperadamente agitamos las manos con júbilos para que se nos encasillen dentro de los exitosos. Entonces no nos importa. Hay que ser parejos ¿no? O nos hundimos o nos salvamos todos, no seamos convenencieros.

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