Embrujos, demonios y otros asuntos de familia parte 1

Creo que el principal motivo por el que las personas desmerecen continuamente las películas de terror, es por el hecho de que permanecen como meras espectadoras de algo en lo que no creen realmente. Para muchos, las películas de mounstruos o casas embrujadas no dejan de ser, en última instancia, una colección de efectos especiales e historias truculentas cuyo único objetivo es el de entretener las pasiones malsanas que todos llevamos escondidas. De esa forma, el terror nunca habrá de satisfacer al espectador, pues este en verdad no entiende lo que ve. No obstante, habemos unos pocos que nos tomamos en serio hasta la más chafa película de terror pues nos queda claro que esa clase de mal existe, aunque no lo podamos ver.

La familia de mi madre proviene de un rancherío erigido a los pies de un cerro que en sus inicios estaba bastante alejado de la civilización. Sus habitantes son supersticiosos y desconfiados de la modernidad, por lo que tratan de llevar su vida bajo los ojos protectores de la costumbre enseñada por sus padres. De los hermanos de mi madre, la mayor parte emigró a la cabecera municipal o a la capital del estado aunque hubo algunos que quisieron quedarse en el terruño a roer la miseria propia de quien no posee nada, allí se casaron y tuvieron sus hijos a la espera de ver cumplido el ciclo de la vida.

Pues bien, dicen por ahí que existe un libro denominado El Libro Negro, una especie de biblia satánica que maldice a su poseedor, el cual sólo puede liberarse del mal pasándolo a otro incauto que esté dispuesto (o no) a tomarlo. Uno de esos incautos fue mi tío Santiago. Este tipo leyó el susodicho libro y eso conllevó a que su familia, compuesta de niños bastante pequeños sufrieran lo peor de la maldición. En las noches, una bestia se introducía a la casa y se apoderaba del camastro de los chicos. Al principio, según cuentan, fue una especie de ardilla de ojos rojos que bailoteaba a los pies de los que dormían, sin hacer mayor daño. Teniendo en cuenta que eso pasó cuando en los poblados no había luz eléctrica, la experiencia debió haber sido aterradora y lo fue más cuando, con el pasar de los días, la ardilla se transformó en un agresivo perrazo de ojos como carbones encendidos que en una ocasión atacó a una de las niñas, arrastrándola debajo de la cama con el obvio propósito de matarla. No fue hasta que los padres, alertados por los gritos de horror,  fueron en su auxilio,  que el ataque cesó, pues el animal se desvaneció en el aire. El vestido lo quemaron, pero por desgracia fue insuficiente. Después del perro llegaron las aves. Desde tapacaminos hasta lechuzas, todas las noches y sin falta llegaban a cantarles, y si tenemos en cuenta que al menos el canto de la lechuza es un grito estremecedor, pues ya se imaginarán el insomnio. Algunos de mis primos cuentan que a veces, cuando no llegaba un pájaro, se oía el tétrico toque de una flauta invisible, ejecutado sin duda por un duende u otro mal espíritu. Tantos sucesos despertaron la desconfianza y les llevaron a la conclusión de que eran víctimas de un embrujo. Lo primero que hicieron, fue deshacerse del libro. No sé, a ciencia cierta de que modo lo hicieron pero seguramente hubieron de regalarselo a alguien más. Luego, Santiago ensalmó una escopeta. Ensalmar consiste en recitar ante el arma un salmo, siendo eficaz el 91, que invoca la protección del Altisímo. Luego, se fue de cacería. Bajo la sombras de un naranjo esperó a que se hiciera de noche y cerca de las siete, el pajaro de mal agüero llegó para iniciar su canto. De un sólo tiro derribó al pajarraco, que cayó muerto a tierra. Luego, entre toda la familia quemaron el cuerpo y esperaron a que se volviera cenizas. Sin embargo, a pesar de que utilizaron gasolina, la cabeza se negó a arder, quedando intacta. La cubrieron con una caja de refrescos y la aseguraron con ladrillos y piedras que encontraron a su alcance. Al día siguiente, cuando fueron a revisar la prisión, se toparon con la sorpresa de que estaba vacía, aún cuando las rocas no se habían movido un ápice de su lugar y no había huellas de pisadas en los alrededores.  Pero eso no fue todo. Un famoso brujo de la región amaneció  muerto de causas extrañas y hasta ahora desconocidas, pues no permitieron ver su cuerpo a los que fueron al velorio, aunque se filtró la  noticia de que presentaba una herida de bala. Desde entonces las manifestaciones cesaron, no sin dejar sus consecuencias. Aún cuando muchos no se ponen de acuerdo, la locura de la hija mayor se relaciona a veces con el ataque, aún cuando no fue ella la arrastrada y es que cuando se le bota la cordura, la pobre abre los ojos desmesuradamente y dice que ve cosas, sombras siniestras que se acercan hacia ella. A su hermana menor, por ejemplo, también le ocurrieron cosas feas durante años. Resulta que en su habitación había una mecedora que cambiaba de lugar constantemente, según estorbara el camino de las personas. Pues bien, este mueble tenía la particularidad de moverse durante la noche hasta situarse junto a la cabecera de la cama, como si algo o alguien, observara a la muchacha mientras dormía. Cabe resaltar que este fenómeno empezó años después, cuando la chica había venido a la ciudad para estudiar. ¿Será que el Mal no se alejó del todo? Lo cierto es que esto dejó de ocurrir cuando mi prima se unió a la iglesia.

Otro caso bastante horripilante fue el de la tía Cruz, que en sus tiempos mozos gustaba de consultar a los practicantes de la hechicería. Lo cierto es que durante un embarazo particularmente difícil, en vez de ir al médico depositó su salud en manos de un hechicero que le preparaba brebajes para llevar la gestación a buen término. El niño nació sin problemas, pero a los pocos días enfermo, coincidiendo sus sintómas con la aparición de un tapacaminos que todas las tardes, a la hora del ocaso, se colaba por la ventana y bailoteaba cerca de la cuna del niño, como burlándose de los que intentaban sacarlo de la casa, sin éxito. El niño en poco tiempo murió. De acuerdo a lo que se sabe de los brujos, estos maldicen a los recién nacidos para matarlos y luego comerse su cadaver como parte de su ritual para pactar con el diablo. No sabemos si ese fue el triste fin del primito, pero todos coinciden en que fue el brujo que le mató.

Y eso no es todo. Aún tengo más anecdotas de terror que relatar, pero se me acaba el tiempo así que lo dejaremos para la próxima, entre tanto ordeno mis ideas para plasmarlas  de la manera más fidedigna posible.

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